La gran política

Querido J:

Este noviembre se cumplirá el centenario del nacimiento de Torcuato Fernández-Miranda. Me temo que para la mayor parte del pueblo ya debe de ser líquida carne de Wikipedia. La otra noche fui al Vips a por tabaco y vi que habían organizado un mural con libros sobre los dos reyes, padre e hijo. Tres expositores más allá, y a ras de suelo, entre uno de autoayuda y otro de humor chocarrero, estaba la biografía de Tfm, El guionista de la Transición, que acaba de publicar su sobrino-nieto Juan. Me empecé a subir por las paredes, porque mi vida actual se basa en el escalo, pero luego pensé: “Bueno, siempre fue así”.

Siempre fue así, porque Tfm ejerció la gran política, y la gran política no tiene un relato fácil. Parte de las razones las explicaba Jorge Bustos el viernes, en el mejor artículo que ha escrito para este periódico donde te echo las cartas: “Yo ya sé que la discreción -como la responsabilidad- no es un concepto de moda, pero el pactismo la necesita como el metabolismo exige pausa, y como a ciertas urgencias fisiológicas les conviene la soledad”. La cuestión es que Tfm vivió en una urgencia fisiológica permanente que fue la del paso de la dictadura a la libertad.

La gran políticaLa biografía del sobrino-nieto completa, tras Lo que el Rey me ha pedido, obra de su hija Pilar y de su sobrino Alfonso, el retrato del hombre que encarna la transición: es Tfm el que nos lleva de la ley a la ley. Dado que se trataba de pasar de la dictadura a la democracia el camino fue un prodigio. El prodigio de la transición española, remendones. La sorpresa es, sin falacia retrospectiva, que el camino ya lo trazara en 1947, y esta es una de las aportaciones del nuevo libro. Este párrafo sobre uno de sus importantes artículos en La Nueva España: “Según explica Torcuato, lo único común a la Historia de España es que los pasos de un régimen a otro siempre han sido por imposición y no por evolución, lo que ha supuesto constantes rupturas en la legalidad vigente: nunca se ha respetado la ley”.

El gran momento de su fértil tautología política fue la inclusión de Adolfo Suárez en la terna que el Consejo del Reino entregó al Rey para que escogiera presidente, el 3 de julio de 1976. Creo que he leído todo lo relevante que se ha publicado en torno al laborioso procedimiento que Tfm puso en marcha para que Suárez pasara el filtro institucional del antiguo régimen. A los relatos aportados, primero por Gregorio Morán, y por Pilar y por Alfonso, se suma ahora el de la nueva biografía. Sigue habiendo algo al fondo que se me escapa. No quedó acta de la reunión y todo ha tenido que ser reconstruido mediante notas de algún asistente y testimonios orales. Sigo sin saber, por ejemplo, si el voto por parejas de familias ideológicas (tecnócratas, Movimiento, democristianos) fue una obligación explícita que puso Tfm al Consejo del Reino o un condicionante tácito. Llamé al biógrafo por si se me había escapado algún detalle:

-Es cierto que en los diversos relatos conocidos hay contradicciones. Y coincido en que todos los planteamientos que fue haciendo antes de las sucesivas votaciones no se conocen con detalle.

De la biografía, y de los otros buenos libros que tratan total o parcialmente sobre él, se deriva una conclusión interesante: Tfm trató el aparato legislativo del franquismo como si fuera el de una democracia. Hay una conversación con el Príncipe de 1969, cuando acababa de ser nombrado sucesor de Franco.

-Al jurar los Principios y Leyes Fundamentales, ¿no estoy adoptando una actitud falsa o al menos dando esa imagen?

-Al jurar las Leyes Fundamentales, las juráis en su totalidad. Por lo tanto, también juráis el artículo diez de la Ley de Sucesión, que dice que las leyes pueden ser derogadas y reformadas.

-Pero los Principios se declaran permanentes e inalterables.

-Es un artículo de esa Ley y ese artículo también es reformable, pues la cláusula de reforma no establece excepciones.

-¿Estás seguro de eso?

-Lo estoy.

La elección de Adolfo Suárez como presidente es, pues, la culminación de una obra política antigua y de gran calado. Suárez es el nombre que permite el viaje. Con Silva se daba el riesgo de que la ley no se moviese; con Areilza el de salirse de la ley. No digo, obviamente, que los hechos se hubiesen producido así. Los hechos hacen lo que les da la gana, siempre. Digo que este era el diseño de las cosas que trazó Tfm. Y que los hechos se ahormaron milagrosamente, como el sombrero con la cabeza. Hasta tal punto que los hechos consintieron en apartarle a él mismo del foco de la escena. Es improbable que Tfm no considerase la posibilidad de ser él mismo la cabeza de la operación y no solo su mecanismo. Pero supo entender que por diversas razones, entre ellas la edad y también la condición, de gran impacto psicológico, de haber sido el preceptor del Rey, su ambición era dificilísima.

La gran política tiene una insoslayable zona de sombra. La razón es que la política, como el dinero, del que es su gestor, se basa en la confianza y en su par, la traición. Pocos de sus contemporáneos entendieron a Tfm y supieron lo que estaba haciendo. Esto dio origen a incomprensiones tenebrosas. Destacó el diario El País, que lo trató siempre con un desprecio cuya injusticia e incompetencia aumentan día a día. Hay un editorial del 1 de junio de 1977, que lleva la marca de Javier Pradera, donde la desinformación y el resentimiento bailan una danza fascinante. Pero es comprensible. El primer número del diario El País mostraba a Areilza, el fuera de la ley, en su portada, aprovechando el curso del Pisuerga. Pronto habrá que ponerse a demostrar, querido amigo, cómo la transición se hizo a pesar del diario El País.

Al día siguiente de que se aprobara la ley de Reforma Política Suárez sacó a Tfm del presente y lo devolvió a su ensimismamiento intelectual, del que solo le sacaría la muerte. Normal. Un guión dura lo que tarda en decirse.

Sigue con salud,

Arcadi Espada

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