Una educación inclusiva para Ucrania

La educación es una de las pocas áreas que todavía se consideran una cuestión puramente soberana, algo sobre lo que los gobiernos nacionales (y en muchos países, también las autoridades locales) deben tener control. Pero en el mundo de hoy, parece que no hay asunto que sea inmune a la manipulación política. Es lo que sucede con la nueva ley marco educativa de Ucrania, que ha concitado una tenaz oposición no tanto dentro del país, sino desde algunos países vecinos.

La ley, aprobada el mes pasado por el parlamento ucraniano, es reflejo de un proceso deliberativo largo e incluyente. Su artículo 7 establece que los alumnos de escuelas y universidades estudien en el idioma nacional, lo que parece conforme a la normativa europea. Sobre todo es de prever que beneficiará a todos los ciudadanos ucranianos, incluidos los hablantes de idiomas minoritarios, que estarán mejor preparados para integrarse plenamente a la sociedad ucraniana.

Con el sistema educativo anterior, algunos estudiantes recibían los once años de escolarización (que la nueva ley eleva a doce) en un idioma minoritario, generalmente ruso, pero en algunos casos húngaro o rumano. Hoy hay cerca de 400 000 estudiantes siguiendo ese camino, que por lo general lleva a que alumnos que terminan el secundario carezcan de un conocimiento básico del ucraniano, lengua de la actividad económica del país.

De hecho, sólo este año, más de la mitad de todos los graduados de escuelas que enseñan en húngaro fracasaron en las pruebas de ucraniano. Al no poder asistir a una universidad ucraniana, tendrán pocas alternativas: encontrar algún empleo local que se pueda desempeñar en húngaro y sólo demande título secundario, o emigrar a Hungría.

Esto cambiará con la reforma educativa. A partir de 2020, tras un período transicional de tres años, las lenguas minoritarias sólo podrán usarse como idioma principal de enseñanza en el jardín de infantes y en la escuela elemental; luego (después del cuarto año de escuela) la mayor parte de la instrucción deberá hacerse en ucraniano. Algunas escuelas para pueblos autóctonos, por ejemplo los tártaros de Crimea, podrán mantener el sistema anterior; pero en la mayoría de los casos, los egresados de escuelas secundarias ucranianas con el nuevo sistema saldrán con un dominio fluido del ucraniano.

Este cambio ayudará a eliminar la segregación de facto de los hablantes de lenguas minoritarias, lo cual servirá para la unidad de la sociedad ucraniana, elemento crucial de una democracia fuerte y vibrante. También preparará a todos los estudiantes, incluidos los de minorías étnicas y lingüísticas, no sólo para triunfar en el mercado laboral, sino también para participar más plenamente en la democracia ucraniana, con posibilidad de obtener puestos en el gobierno que les permitan promover los intereses de las minorías étnicas a las que representan.

Cabe señalar también que si bien la norma reduce la cantidad de instrucción en idiomas minoritarios, no la impide. Dicha educación se proveerá por medio de clases y grupos separados (y habrá algunos programas multilingües). Por ejemplo, si un hablante de húngaro estudia literatura húngara, podrá hacerlo en su lengua nativa.

En general, la nueva ley de educación ucraniana es inobjetable. Pero los países vecinos, distorsionando deliberadamente su significado, la denuncian como una amenaza para los grupos étnicos minoritarios y se disponen a castigar a Ucrania por ella.

El ministro húngaro de asuntos exteriores, Péter Szijjártó, declaró que a menos que se le hagan cambios, Hungría se opondrá al proceso de integración de Ucrania con Europa, y añadió: “No tengan la menor duda de que todo esto le costará a Ucrania en el futuro”. Szijjártó, junto con sus homólogos de Rumania, Bulgaria y Grecia, también manifestó su oposición ante el Consejo de Europa y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Paralelamente, el presidente rumano canceló una visita a Ucrania prevista para este mes, y retiró la invitación al presidente del parlamento ucraniano para que visite Bucarest. Y en un hecho tal vez más preocupante, el ministro ruso de asuntos exteriores, Sergei Lavrov, acusó a Ucrania de tratar de “ucranizar” el sistema educativo, en violación de la constitución del país y de acuerdos internacionales.

Todo esto, además de una grosera tergiversación, es manifiestamente hipócrita, ya que los países que protestan por las nuevas normas lingüísticas ucranianas tienen sistemas similares. En Hungría viven unos 8000 ucranianos, pero en todo el país no hay ninguna escuela ucraniana. Lo mismo vale para Rusia, con su minoría ucraniana de más de dos millones de personas. En Rumania, donde viven unos 50 000 ucranianos, hay sólo una.

El gobierno ucraniano ha dicho que enviará la ley al Consejo de Europa, para que la Comisión de Venecia determine si cumple las normas del Consejo. El presidente Petró Poroshenko prometió que podría introducir cambios a la ley si la Comisión lo solicita.

Pero es de prever que esos cambios no sean necesarios, a juzgar por el artículo 8 de la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales (ratificada por Ucrania), que estipula que no hacen falta escuelas separadas para las lenguas minoritarias: basta con proveer un grado suficiente de enseñanza en esas lenguas en las escuelas comunes, en clases separadas. Además, la Carta establece que para la educación secundaria, es suficiente garantizar la enseñanza de las lenguas regionales o minoritarias relevantes (no necesariamente otros temas) y su integración al currículum.

Cualquiera sea la evaluación de la Comisión de Venecia, la reacción de los vecinos de Ucrania sigue siendo un problema serio, ya que representa un descarado intento de manipular la política interna ucraniana por medio de la intimidación. Ucrania, que sufrió la ocupación extranjera durante más de trescientos años, sabe lo que es tener el propio idioma amenazado. Hasta su gobierno, bajo el depuesto presidente Viktor Yanukovych, intentó en 2012 debilitar el idioma ucraniano conforme a la política de “rusificación” alentada por Moscú.

El ucraniano es el idioma oficial de Ucrania, así como el ruso lo es de la Federación Rusa, el húngaro de Hungría, y el rumano de Rumania. Las lenguas minoritarias son importantes y los derechos de sus hablantes deben ser respetados (como los respeta la nueva ley de educación ucraniana), pero es la lengua oficial la que unifica a la sociedad y permite a sus ciudadanos participar en ella plenamente. El gobierno de Ucrania tiene el derecho (en realidad, el deber) de asegurar que todos los ciudadanos ucranianos tengan un dominio fluido de ella.

Oleksandr Sushko is Research Director at the Institute for Euro-Atlantic Cooperation in Kyiv and a member of the Maidan People’s Union Council. Traducción: Esteban Flamini.

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