Momento crítico de la polio en Pakistán

A principios de este mes, la campaña de erradicación de la polio en Pakistán volvió a sufrir una tragedia. Dos trabajadores de los equipos de vacunación y un policía que los escoltaba fueron asesinados. Estos nuevos asesinatos en Pakistán preceden a los de nueve trabajadores en Nigeria y suceden después de la muerte de otros nueve trabajadores pakistaníes del sector salud en diciembre y de los asesinatos cometidos en año nuevo contra trabajadores del sector del desarrollo asociados con los esfuerzos de salud pública.

Los ataques continuos contra estos valientes trabajadores están representando un serio desafío a las comunidades de salud pública de esos países y a su ambición colectiva de ofrecer a todos los niños vacunas que pueden salvar sus vidas.

Para Pakistán la ironía es que el país ha sido un ejemplo de éxito en los esfuerzos de erradicación de la polio, pues el número de casos cayó de 197, en 2011 a 58, en 2012. Pese a los desafíos recientes, las autoridades pakistaníes enviaron de nuevo a los encargados de aplicar las vacunas a 28 distritos, donde era necesario vacunar a 12 millones de niños. El apoyo público generalizado a los esfuerzos de erradicación de la enfermedad se ve reflejado en una resolución del parlamento. El Consejo de los Ulemas, grupo influyente de clérigos, también ha dado su respaldo.

El informe más reciente de la Junta de seguimiento independiente de la Iniciativa Mundial de Erradicación de la Polio, publicado en noviembre de 2012, reconoció los avances actuales de Pakistán –en un claro contraste con las perspectivas sombrías de su informe anterior. Sin embargo, es esencial que las próximas elecciones del país no pongan en riesgo lo que se ha logrado, en particular, durante la temporada de baja transmisión, cuando es la mejor oportunidad de detener la enfermedad y sus huellas. Para tener éxito, todas las facciones políticas deben continuar comprometidas con la campaña de erradicación.

En efecto, pese a los avances en 2012, no hemos logrado del todo interrumpir la propagación del poliovirus en Pakistán, debido principalmente a los obstáculos que afectan la aplicación y administración del programa. Estos desafíos se tienen que abordar mediante una mayor gobernanza en todos los niveles, especialmente porque la autoridad estatal se ha visto fuertemente socavada en aproximadamente una cuarta parte del país, donde factores complejos han creado desconfianza en nombre de la etnicidad, la política y la religión. Lo anterior desemboca en un colapso masivo de la ley y el orden.

Además, el año pasado Pakistán conmocionó a la comunidad global de salud pública por adoptar una enmienda constitucional que condujo a la abolición del Ministerio Nacional de Salud. Por desgracia, la repentina devolución de responsabilidades de salud a las provincias del país tuvo lugar sin una preparación o supervisión pertinentes.

Los recortes al sistema de gobierno local y la política divisiva de los gobiernos de coalición de la frágil democracia pakistaní, continúan minando la aplicación del programa de erradicación de la polio. Las deficiencias que ello ha producido en los sistemas de salud provinciales se han manifestado no solamente en la capacidad de erradicar la enfermedad, sino también en brotes de sarampión, que han matado a más de 300 niños.

Asimismo, las dificultades de los gobiernos locales están teniendo un efecto adverso en el abastecimiento de agua limpia y saneamiento adecuado, que son una importancia vital en la erradicación de la polio y la salud pública en general. También ha habido casos de padres que se han negado a vacunar a sus hijos, típicamente bajo las órdenes de miembros del clero debido a la creencia de que esos esfuerzos de salud pública en realidad son programas encubiertos de esterilización. En efecto, el 2% de los niños que no han sido vacunados se debe a la negativa de los padres. Una campaña reciente de desprestigio destinada a desacreditar la vacunación contra esa enfermedad, en la que varios diputados participaron públicamente, ha complicado aún más las cosas.

Por desalentadora que pueda parecer la situación, retardar la vacunación no es una opción. Está bien demostrado que cuando se impide su aplicación, el número de casos aumenta espectacularmente, como se observó en Nigeria en 2003, cuando un retraso de diez meses condujo a la infección de miles de personas en el país y a la reinfección en más de veinte otros países.

Un resultado similar se observó en Swat Valley, Pakistán, tras la toma de poder de militantes en 2009, que imposibilitó el acceso a la región durante meses. La decisión que se tomó este mes de detener la vacunación en Karachi después de que trabajadores del sector salud recibieran amenazas, aunque comprensible, no es con todo una razón de preocupación seria en este respecto.

Al igual que en Nigeria, postergar la vacunación será muy perjudicial para los países vecinos. Poblaciones nómadas van y vienen libremente a través de la vasta y porosa frontera entre Afganistán y Pakistán. En 2011 se encontró que un brote de polio en China tuvo su origen en Pakistán. India, que no ha tenido casos de polio en los dos últimos años, sabe muy bien que los resultados duraderos positivos en el país dependen de los esfuerzos de erradicación en otros lugares.

Los riesgos potenciales internacionales van más allá de los países vecinos inmediatos. Actualmente, Pakistán es la causa de la aparición repentina de poliovirus salvaje en Egipto. Afortunadamente, no hay evidencia de transmisión, pero tal vez no tengamos tanta suerte en un futuro. En efecto, el riesgo de que peregrinos pakistaníes puedan llevar con ellos el problema en la Hajj de 2013, la congregación anual de musulmanes más grande, no es solo una amenaza teórica. Si se produce el peor de los escenarios ahí, podría haber un retroceso en la lucha contra la enfermedad, que duraría décadas.

La magnitud del desafío, y por ende, la respuesta multifacética necesaria, no debe subestimarse. Actualmente, la polio se ha convertido en un ejemplo de los problemas complejos que afectan al Estado pakistaní y a su sociedad.

Pakistán debe aumentar sus esfuerzos en la erradicación de la polio, no solo por cumplir un compromiso de salud global, sino para ir más allá (que es una razón suficiente en sí misma). El éxito sería una señal de la capacidad de Pakistán para superar desafíos complejos, y serviría como modelo en futuras intervenciones para el desarrollo. Al erradicar la polio, Pakistán no solo haría su parte en la eliminación mundial la enfermedad. También reivindicaría su propio prestigio global y potencial para avanzar en otras áreas.

Sania Nishtar is the founder and President of the NGO think tank Heartfile. Traducción de Kena Nequiz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *