Barroco

Lot and his Daughters. Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)
Lot and his Daughters. Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Hasta el 3 de mayo de este año se puede ver en el Getty Center de Los Angeles Captured Emotions: Baroque Painting in Bologna, 1575 – 1725, una exposición centrada en la Escuela de Bolonia a través de las obras más representativas de sus seguidores. Tras la muerte de los grandes maestros del Renacimiento, como Rafael y Miguel Ángel, el arte pictórico sufre cierto decaimiento y solo a finales del siglo XVI, con la irrupción en escena de los hermanos Carraci, vuelve con fuerza inusitada. Desde su academia boloñesa se propagó un estilo cuya influencia perduró más de 200 años.

De las obras expuestas, 43 de ellas pueden verse en la Red.

The Butcher's Shop. Early 1580s. Oil on canvas, 59.7 x 71.0 cm Kimbell Art Museum
The Butcher’s Shop. Early 1580s. Oil on canvas, 59.7 x 71.0 cm Kimbell Art Museum

El pasado día 22 comenzó en el Museo Civico Archeologico di Bologna una muestra sobre Annibale Carracci (Bolonia, 1560 – Roma, 1609), pintor que apostó por el clasicismo en contraposición al estilo naturalista del que Caravaggio fuera su máximo exponente.

La exposición virtual, en italiano, muestra un buen número de obras tanto en la sección Mostra como en la Itinerari; ambas reproducen las ocho secciones en la que se divide la muestra [Guía museística].

titanesEl trabajo de dos máximos representantes de la pintura del siglo XVII, Rembrandt y Caravaggio, se confronta en una exposición única en el Van Gogh Museum. Más de 35 obras maestras, llegadas a Ámsterdam de los mejores museos del mundo, mostrarán sus coincidencias. Sobresalieron entre sus contemporáneos por el uso de la luz, la fuerza psicológica y su naturalismo, creciendo en torno a ellos una historiografía teñida de leyenda. Esta exposición estelar del Año Rembrandt, ofrece también la posibilidad de ver, por primera vez desde 1952, obras de Caravaggio en Holanda [Vía masdearte.com].

Para acceder a la exposición on-line pulsar en la imagen dinámica de la parte superior de la página.

Gerard ter Borch, A Maid Milking a Cow in a Barn, c. 1653/1654. Oil on panel, 18 11/16 x 19 3/4 in. The J. Paul Getty Museum, Los Angeles
Gerard ter Borch, A Maid Milking a Cow in a Barn, c. 1653/1654. Oil on panel, 18 11/16 x 19 3/4 in. The J. Paul Getty Museum, Los Angeles

La riqueza y variedad de la escuela de pintura holandesa del siglo XVII supone uno de los momentos más significativos de la historia de las artes visuales. La creatividad de los artistas y la multitud de temas representados –potenciado por la gran variedad de clientes que encargaban obras de arte- coincide, en general, con la alta calidad de los pintores. A pesar de su importancia, la refinada obra de Gerard ter Borch ha quedado a los ojos de la historiografía eclipsada por figuras coetáneas que alcanzaron mucho más renombre como Rembrandt, Van Dyck, Van Ostade, Jan Steen o Vermeer. No obstante, hay algo que los expertos en este periodo coinciden en afirmar, y es que se trata del artista que mejor supo captar el refinamiento de la burguesía.

La exposición “Gerard ter Borch” repasa toda la carrera de esta figura, cuyo primer contacto con en el mundo del arte lo tuvo de manos de su padre, también pintor. A través de cincuenta obras selectas se dan a conocer todos los aspectos de su carreta, con especial atención al género del retrato. Así, encontramos algunas de sus primeras obras en la década de 1630, entre las que destaca la imagen de un solitario soldado a caballo; escenas de interiores e, incluso, pintura histórica. Dentro de este grupo se encuentra una de sus obras maestras: la representación de la firma el tratado de Münster, en 1648, considerada la imagen histórica más importante que refleja esta firma entre España y Holanda por la que se ponía fin a la guerra de los ochenta años.

La manera en que reflejó la alta sociedad del momento, le hicieron merecedor de un puesto destacado como retratista de la burguesía, gracias al cual gozó en vida de prestigio y prosperidad. Entre sus claves para el éxito destacan la calidad y sensación de realidad que es capaz de conferir a las distintas texturas de los trajes, del papel que reviste las paredes en las habitaciones y, en general, a todos los materiales plasmados; la delicada presencia de instrumentos musicales y, de manera especial, las cuidadas actitudes, las posturas confidentes y las expresiones solemnes con las que logró reflejar la dignidad de los representados. De la misma manera, la interacción de los personajes que participan en las escenas es otro signo identificativo de su pintura. Destacan el retrato de la joven Helena van der Schalcke (1648), A Young Woman at her Toilet with a Maid (1650-1651), Gallant Conversation (más conocida como Paternal Admonition) y The Suitor’s Visit (1658). Pero no todo su talento fue para las clases más favorecidas ya que también se ocupó de los personajes y escenas más humildes que encontraba en el día a día, en las que demostró la misma habilidad, como se aprecia en The Grinder’s Family (1653 c.), A Maid Milking a Cow in a Barn (1653-1654) o A Horse Stable (1654).

Una interesante oportunidad para acercarse a esta figura esencial de la pintura barroca que nos ofrece la imagen más psicológica del retrato burgués de la Holanda del siglo XVII.

FUENTE: www.masdearte.com.

La trayectoria histórica de España alcanzó uno de sus momentos culminantes en el siglo XVII, cuando la gran Monarquía formada bajo la rama española de la casa de Austria aglutinaba varios de los núcleos creadores más fecundos de Europa, desde los propios reinos hispánicos hasta gran parte de las tierras italianas y flamencas.

El teatro, que entonces como nunca constituyó el principal cauce de expresión de las ideas y los gustos latentes tanto de las elites como del pueblo, se erigió también en testigo excepcional de una presencia cultural española en el resto de nuestro continente que marcaría indeleblemente la imagen y la propia realidad de España dentro y fuera de nuestras fronteras.

Por ello, la presente exposición representa una oportunidad singular para comprender las raíces de nuestro país que, aunque nunca ha dejado de estar sólidamente anclado en la vitalidad creadora europea, fue entonces protagonista clave de la formación de su más alta cultura.

Esa cultura, reconstruida con el rigor científico de las más recientes aportaciones historiográficas, nos adentra a través de esta muestra en la rica realidad de formas y símbolos del Barroco, donde las tramoyas y las perspectivas fingidas del decorado, ingenios de la apariencia, se convertían en vehículos de una idea de la magnificencia expresada tanto por el espíritu lúdico como por una erudición que exaltaba el alegorismo mitológico y religioso. De esa forma, las más diversas fiestas y espectáculos, concebidos como celebración global del poder, absorbían a la pieza teatral clásica y acentuaban la tendencia de la época a romper los límites entre el espacio del actor y el del espectador mediante los efectos ilusorios del arte escénico.

[Texto: Ana Palacio]

Han pasado ya diez años desde que el Museo del Prado dedicara una exposición a Luis Meléndez (1716-1780). Considerado como uno de los mejores bodegonistas de nuestra escuela, y el más dotado, sin duda, de nuestro siglo XVIII, Meléndez vuelve a ser objeto de atención gracias a este proyecto expositivo comisariado por los especialistas Peter Cherry, conocido por sus publicaciones sobre el bodegón español, y Juan J. Luna, jefe del Departamento de Pintura del siglo XVIII del Museo del Prado.

Luis Meléndez. Bodegón con peritas, pan, alcarraza, cuenco y frasca 1760
Luis Meléndez. Bodegón con peritas, pan, alcarraza, cuenco y frasca 1760

Durante la rueda de prensa que precedió a la inauguración, el director del Museo, Miguel Zugaza, trazó sugerentes paralelismos entre la obra de Meléndez y la de Cézanne por un lado, un artista empeñado como él en apresar el geometrismo subyacente en la naturaleza, y por otro con la de Chardin, su estricto coetáneo, que al igual que él luchó por elevar a la condición de gran arte el género de la naturaleza muerta. Asimismo se recordó la deuda de Meléndez con la tradición del bodegón español del Siglo de oro por su sobriedad, su rigor constructivo y su magnética materialidad –no en vano es uno de los pintores favoritos de Miquel Barceló- al tiempo que se constató su deuda con el enciclopedismo dieciochesco y su interés por la historia natural. Seguir leyendo …

Jan Brueghel the Elder: River Landscape, 1607.
Jan Brueghel the Elder: River Landscape, 1607.

La muestra que alberga estos días el Kunsthistorisches de Viena —Flemish landscape painting— sobrevuela casi dos siglos de pintura de paisaje realizada en los Países Bajos entre 1520 y 1700, su momento de mayor esplendor. Con 130 pinturas y 18 grabados, la exposición de Viena es la de mayor envergadura dedicada a este género hasta el momento. Desde los cristalinos paisajes de Patinir, hasta las encrespadas naturalezas de Rubens, pasando por las vibrantes panorámicas de Pieter Brueghel o las delirantes escenas de Anton Stevens, la muestra seduce por su variedad y su calidad y brinda una excelente oportunidad para conocer los orígenes, la madurez y las ramificaciones del paisajismo flamenco. Los préstamos proceden de instituciones de primer orden como la Alte Pinakothek de Munich, el Museo del Prado, el Rijksmuseum de Amsterdam, el Koninklijk Museum, el Museum Boijmans van Beuningen de Rotterdam, la National Gallery de Washington, the Cleveland Museum of Modern Art, el Museo di Capodimonte en Nápoles…

El paisaje alcanzaría la categoría de género autónomo en Flandes y Brabante en el primer cuarto del siglo XVI, un poco antes de que lo hiciera la naturaleza muerta. A su consolidación como género independiente contribuyó de manera decisiva el convulso clima de la Contrarreforma. El recelo de los protestantes hacia la imaginería religiosa, sospechosa de arrastrar al creyente hacia las procelosas regiones de la idolatría, propiciaría el desarrollo de otros géneros alternativos como el retrato, el paisaje o la naturaleza muerta. A ello se uniría el desarrollo de una incipiente burguesía que demandaba cuadros de pequeño tamaño, precio asequible y temática cercana. En sus primeros años de vida, el paisaje se consideró un género genuinamente flamenco y las obras de los maestros de esta región llegarían a ser muy codiciadas en el resto de Europa. Los grandes cultivadores del género, como Patinir, Brueghel “el viejo” o Rubens -que estará presente con 8 de sus obras- son hoy bien conocidos, pero no debe perderse de vista la importante aportación de otros maestros de menor renombre como Cornelis van Dalem, Lucas van Valckenborch, Jacob Grimmer, Paul Bril, Roelant Savery, Gillis van Coninxloo, Josse de Momper, David Vinckboons, Tobias Verhaecht, Kerstiaen de Keuninck, Jan Wildens…. Ellos contribuyeron al desarrollo de numerosos subgéneros dentro del paisaje en torno a 1600: vistas montañosas, marinas, representaciones de las cuatro estaciones, exuberantes bosques, paisajes fantásticos.

Fuente: www.masdearte.com

El Museo del Prado presenta ocho tapices realizados por Rubens sobre la vida de Aquiles. Lo más significativo de esta muestra es poder observar el proceso creativo llevado a cabo por Rubens. Para ello, se presentan los bocetos originales (ocho diseños realizados al óleo entre 1630 y 1635, procedentes del museo de Rótterdam y del Detroit Institute of Arts) y el paso siguiente, los modelli –de los cuales el Prado posee tres-, elaborados a mayor tamaño antes de ser llevados a los cartones, lamentablemente perdidos en la actualidad.