España

Existen dos modelos básicos de sistema electoral: mayoritario y proporcional, aunque cada uno de ellos comprende asimismo varios subtipos. En España se utilizan ambos ya que en el Senado se aplica un «escrutinio mayoritario plurinominal parcial» y en el Congreso un sistema proporcional basado en la Ley d´Hondt.

La mayoría de los sistemas electorales priman la gobernabilidad por encima de la proporcionalidad. De una u otra forma, los partidos más votados obtienen una mayor representación parlamentaria que si se aplicara una simple regla de tres. El objetivo es facilitar mayorías de gobierno amplias que a su vez permitan estabilidad a lo largo de todo el mandato. Con ese mismo fin y evitar parlamentos muy fragmentados, se suele establecer un umbral por debajo del cual la candidatura queda descartada. En España aquél está establecido en al artículo 163. 1.a de la LOREG: «No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción».

En el caso del Congreso nos encontramos con dos problemas: coste del escaño en votos e infrarrepresentación de las minorías nacionales. Veamos los datos:

El sistema electoral a debate

Si tomamos los datos de las última elecciones, podemos comprobar como PACMA (una minoría nacional) con seis veces más votos que el PRC (Partido Regionalista de Cantabria) se queda sin representación mientras que el partido regionalista obtiene un diputado. Lo mismo les ocurre a Front Republicà y al BNG ya que ambos obtuvieron más votos que PRC y se han quedado sin embargo con cero escaños. Como vemos, el uso de la circunscripción provincial provoca la infrarrepresentación de minorías nacionales en contraposición a los partidos regionalistas.

Si nos fijamos ahora en el coste de cada escaño en votos, veremos que la diferencia entre el escaño más «barato» y el más «caro» es de 59.352 votos. Resulta evidente que no todos los votos valen lo mismo. En este caso, no es tanto el tipo de circunscripción como la relación entre el número de votantes y de diputados elegidos en cada una de ellas. En Cantabria votaron 361.565 personas (/5 escaños = 72.313) mientras que en Madrid lo hicieron 3.786.761 (/37 escaños = 102.344). Aunque tomáramos el censo en lugar del número de votantes, la diferencia sigue siendo muy grande: 92.602 y 128.331 respectivamente. Lógico, por tanto, que el voto cántabro tuviera mucho valor que el madrileño ya que son necesarios menos votos para obtener un escaño.

Esto sucede porque, de los 350 totales, solo 248 diputados se asignan de forma proporcional a la población de derecho. Los otros 102 salen de asignar dos a cada provincia (excepto Ceuta y Melilla que tienen uno cada una de ellas) con independencia de su población. El corolario a esta distribución es la repercusión negativa en el reparto de los escaños para los partidos nacionales menos votados ya que necesitan muchos más votos para alcanzar un escaño. Les pasó en su momento a Izquierda Unida y UPyD, y les ha pasado en estas últimas elecciones a VOX (en menor medida también a Podemos).

Pero entonces…, ¿es nuestro sistema electoral proporcional? La respuesta es sí. Si calculamos el coeficiente de correlación entre el número de votos y el de escaños obtenidos, el resultado es 0.98, es decir, casi perfecto. La fórmula D’Hondt pretende mantener, dentro de determinado nivel mínimo, la sobrerrepresentación del partido más votado por lo que el coeficiente de correlación se mantiene alto aún en el caso de la circunscripción provincial. Otros índices más específicos, como el de Loosemore–Hanby,  arrojan asimismo una proporcionalidad casi perfecta.

¿Y aún así es injusto? En parte sí lo es debido a los dos problemas ya comentados, es decir, la infrarrepresentación de las minorías nacionales y el valor del voto. Ambos son consecuencia no de la fórmula D’Hondt sino del tipo de circunscripción y de la asignación de los escaños a cada provincia.

¿Y cómo podemos resolver esos problemas? Muy sencillo: cambiando la circunscripción de provincial a nacional y mantener intactos el resto de los elementos (fórmula D’Hondt y umbral). El coeficiente de correlación sube al 0.99 y el coste de los votos para cada partido es prácticamente el mismo para todos ellos.

A cada muerte de una mujer se produce una tormenta mediática y política acompañada de la ya clásica revuelta en las redes sociales. De uno a otro extremo se difunden mensajes alarmistas o racistas que acaban por producir tal desazón que solo consiguen amedrentar a las mujeres. A la vista de todo ello, parecería que las mujeres no pueden salir a a la calle sin miedo a ser asesinadas. Hoy mismo, por ejemplo, la portavoz adjunta de Podemos, Ione Belarra, ha afirmado que se necesitan «políticas públicas que nos protejan antes de que nos maten»: ¿a qué se refiere? ¿a poner un policía detrás de cada mujer? ¿obligar a las mujeres a ir en grupos de cinco? ¿una alarma conectada a la policía en el tobillo de cada mujer? ¿encarcelamos a todos los hombres?.

¿De verdad es tan grave la situación? A la vista de los estudios, la respuesta es «No». En realidad, los populistas de derecha e izquierda aprovechan para lanzar un mensaje con el ánimo de provocar miedo entre las mujeres. Se gobierna mejor a una sociedad amedrentada que a una libre y sin miedo. No dudan, por tanto, en introducir en el debate público la nacionalidad o el sexo de los asesinos con el fin de magnificar un fenómeno que es absolutamente residual en nuestro país.

España ya cuenta con uno de los códigos penales más duros de Europa gracias sobre todo a la reforma llevada a cabo por el PSOE en 2008 que se endureció, aún más si cabía, con la Prisión Permanente Revisable promovida por el PP en 2015. Por otra parte, en España se cometen cada vez menos homicidios y la tasa anual es de las más bajas de mundo: 0,6 por cada 100.000 habitantes, un cifra ínfima comparada por ejemplo con Francia (1,3) o Finlandia (1,4).

Al grito populista de «¡Nos matan a todas!» hay que enfrentar la realidad y ésta nos dice que las mujeres pueden sentirse seguras en España. Este estudio lo demuestra: Informe sobre el homicidio en España (2010-2012). Menos basura sentimental y más razones jurídicas y lucha anticrimen.

No hay día en el que la clase política no demuestre su incapacidad para respetar las más elementales normas democráticas. Esta semana, el Tribunal Supremo sorprendió a tirios y troyanos a cuenta del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos. Tras mantener durante años que era el prestatario quien debía pagar ese impuesto, una sentencia da un giro de 180 grados y dictamina que es la Banca quien debe hacerlo. Posteriormente, el pleno del Supremo decide mantener la jurisprudencia y devuelve al cliente tal obligación. Inmediatamente, todos los partidos anuncian que apoyaran cualquier medida dirigida a evitar que sean los consumidores quienes se hagan cargo del tributo. Incluso alguno, como el Partido Popular, ha propuesto que directamente se elimine.

A primera vista, parecería que tal unanimidad a favor de los ciudadanos es toda una victoria de la democracia. Sin embargo, se trata en realidad de una reacción populista encabezada por el gobierno ilegítimo del okupa Pedro Sánchez y a la que se han sumado el resto de partidos.

En primer lugar, el Texto Refundido de la Ley del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados fue aprobado por Real Decreto Legislativo en el año 1993, es decir, hace ¡25 años!. Gobernaba por entonces Felipe González (PSOE). En dicho texto refundido se recogieron preceptos existentes en otras disposiciones que también fueron aprobadas por el Gobierno socialista. Su artículo 29 reza así: «Será sujeto pasivo el adquirente del bien o derecho y, en su defecto, las personas que insten o soliciten los documentos notariales, o aquellos en cuyo interés se expidan.»

En 1995, dos años más tarde, aprobaban los socialistas el Reglamento del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados. En su sección 2 (Sujeto Pasivo), artículo 68 (Contribuyente) se copiaba literalmente el artículo 29 del Texto Refundido pero además se añadía un segundo párrafo: «Cuando se trate de escrituras de constitución de préstamo con garantía se considerará adquirente al prestatario.» Fue precisamente este párrafo el anulado por Sentencia TS (Sala Tercera, Sección 2.ª) de 16 de octubre 2018, Rec. 5350/2017. Posteriormente, el Pleno de la Sala III del Tribunal Supremo ha acordado desestimar los recursos planteados y volver al criterio según el cual el sujeto pasivo del Impuesto de Actos Jurídicos Documentados en los préstamos hipotecarios es el prestatario [Nota informativa de la Sala Tercera del Tribunal Supremo (6-11-2018)] Seguir leyendo …

Leonardo Alenza: La muerte de Daoíz en el Parque de Artillería de Monteleón, 1835.
Leonardo Alenza: La muerte de Daoíz en el Parque de Artillería de Monteleón, 1835.

El reinado de Isabel II fue un momento especialmente favorable para el cultivo de la historia. Al igual que sucedió en los otros países de la Europa occidental, la incorporación del romanticismo a nuestra cultura, junto con el triunfo de la revolución liberal y la consolidación del nuevo Estado nacional, propiciaron un notable incremento de la preocupación por el pasado. En plena eclosión del romanticismo, los años cuarenta fueron quizá, como ha señalado Javier Fernández Sebastián, los de mayor producción historiográfica de todo el siglo XIX. Pero el florecimiento de la historia no fue la única manifestación de esta intensa pasión por el pasado: la literatura y las artes plásticas —piénsese, por ejemplo, en la boga de la «novela histórica» o de la «pintura de historia»—también reflejaron directamente esta estrecha imbricación entre cultura y pasado1.

Por otra parte, lo que entonces se produjo no fue, exclusivamente, una mayor atención a la historia. Los tiempos de Isabel II asistieron también a una reconstrucción de ese pasado, a una reelaboración del mismo a partir de nuevas bases, necesariamente adaptadas al nuevo contexto cultural y político. Al peso de estos condicionantes fundamentales, en la encrucijada del romanticismo, el liberalismo y el nacionalismo, está dedicada la primera sección de este trabajo, que abordará después, más extensamente, el análisis de los principales contenidos —nada unívocos, como veremos— de esta recreación cultural del pasado español.

Seguir leyendo en Las recreaciones del pasado español. Por Mariano Esteban de Vega. Universidad de Salamanca.

Louis Armstrong: what a wonderful world

En 1964 sucedió un hecho poco habitual en el mundo de la música pop. Los Beatles vivían sus primeros momentos de efervescencia en todo el mundo. Acababa de nacer la beatlemanía. Ese año las listas de éxitos de Europa y América eran propiedad del cuarteto de Liverpool. En octubre del año anterior habían entrado con fuerza inusitada en las listas británicas y desde finales de enero de 1964 habían empalmado tres singles seguidos en el número uno de las listas norteamericanas sin dejar que nadie más pudiera saborear esa plaza de privilegio: I want to hold your hand (estuvo en el número uno durante siete semanas), She loves you (dos semanas) y Can’t buy my love (tres semanas). No contentos con eso, el 4 de abril el grupo británico estableció un récord que todavía hoy ningún otro artista ha podido superar: coparon los cinco primeros lugares del top ten con cinco singles diferentes (añadamos a las mencionadas Twist and shout y Please, please me).

A lo largo de todo 1964 las listas eran suyas y sólo parecían dispuestos a compartirlas con algunos colegas tan cercanos como The Beach Boys (con I get around), Peter & Gordon (con el hoy olvidado The world without you) y, sobre todo, The Animáis (con The house ofthe rising sun) y Roy Orbison (con Oh, pretty woman).

SATCHMO CONTRA BEATLES

El mundo se movía al ritmo de la beatlemanía, pero sólo un mes después de conseguir su histórico récord en las listas americanas, exactamente el 9 de mayo de 1964, alguien se coló sin pedir permiso. Y no se trataba precisamente de ningún joven renovador de la estética del rock and roll, no era uno de los suyos sino un simpático vejete de 63 años que, trompeta en mano, cantaba con una voz tan gutural como contagiosa el tema de un musical de Broadway: Louis Armstrong y su Hello Dolly saltaron barreras y rompieron la hegemonía Beatle al desplazar por la vía rápida el Can’t buy my love de los Fab Four.

Con esa hazaña, el veterano Louis Armstrong se convirtió, al mismo tiempo, en la persona de más edad en alcanzar el codiciado número uno (todavía nadie ha superado ese récord).

El icono incontestable del jazz más clásico desbancaba al icono incontestable del nuevo rock. Una imagen que admite todo tipo de valoraciones pero que simplemente debe entenderse como el triunfo de una incansable honestidad musical, de una terquedad de viejo luchador que sabe que tiene los triunfos en la mano y que, antes o después, podrá extenderlos sobre la mesa sorprendiendo así a todo el mundo.

MR. JAZZ

Y así fue: una gran sorpresa. Louis Armstrong sólo estuvo una semana en el número uno con Hello Dolly pero, con ese tema, marcó de forma indeleble la historia de la música popular como ya había hecho décadas antes al inventar el jazz. [Bien, para ser exactos Louis Armstrong no inventó el jazz, pero podemos utilizar sin miedo esa expresión dado que todo el jazz, tal como lo conocemos hoy (tradicional, clásico, moderno, contemporáneo o postodo), procede directamente de su trabajo en los primeros años veinte del pasado siglo, nada hubiera sido igual sin la presencia de Louis Armstrong y sus Hot Five primero y Hot Seven después].

No debe de ser casual que los grandes nombres del jazz y de la música popular lo hayan repetido sin cansancio una y mil veces.

«No puedes tocar nada con una trompeta que no hubiera tocado ya Louis Armstrong», explicaba Miles Davis.

«Si alguien merece ser llamado Mr. Jazz, ése es Louis Armstrong. Fue el epónimo de jazz y siempre lo será», afirmaba el gran Duke Ellington, al que muchos consideran, precisamente, Mr. Jazz.

Otro grande del jazz y de la trompeta, Dizzy Gillespie, a pesar de su perpetua sorna que no dejaba títere con cabeza, también reverenciaba la figura de Armstrong: «Louis no sólo ha influido en todos los trompetistas, también cambió el modus operandi del jazz al inventar el solo».

Unanimidad total que alcanzó todos los campos de la música. La cantante de gospel más importante de todos los tiempos, Mahalia Jackson, afirmaba: «Si no te gusta Louis Armstrong, ni puedes saber lo que significa el amor».

El director y compositor Leonard Bernstein, que incluyó a Armstrong en varios de sus famosos programas televisivos de divulgación musical, también se deshacía en elogios: «Todo lo que hace es real, verdadero, simple y, por supuesto, honesto. Cada vez que este hombre coloca sus labios en la trompeta, incluso si está ensayando tres notas, lo hace con toda su alma».

En el campo de la música popular tampoco le faltan discípulos y seguidores incondicionales. Dos iconos como Bing Crosby y Tony Bennet nunca han negado todo lo que debían al gran Louis. «Estoy orgulloso de reconocer mi deuda con el reverendo Satchmouth [expresión utilizada en la jerga jazzística para referirse a la forma extremadamente personal en que Satchmo colocaba los labios sobre la boquilla de su trompeta, y que tantos problemas físicos le causó en su madurez]. Él significa el inicio y el final de la música en América», reconocía Bing Crosby.

Tony Bennett, por su parte, era igual de contundente: «La suya es la música clásica americana. Louis Armstrong se ha convertido en nuestra tradición. La pregunta fundamental que se hace cualquier país es ¿en qué hemos contribuido nosotros al mundo? Nuestra contribución es Louis Armstrong».

Hello Dolly:

[Descargar Qué mundo tan maravilloso (15 temas)]

No podía faltar la inventada "Corona catalanoaragonesa"
No podía faltar la inventada «Corona catalanoaragonesa»

Comentarios e informaciones parciales sobre la existencia en Cataluña de un enfoque partidista y más o menos abiertamente anticonstitucional en determinados libros de texto -y en determinadas clases- de la materia «Conocimiento del medio» (Geografía e Historia, Ciencias Sociales) han ido saliendo a la luz, con mayor o menor éxito de difusión, desde hace varios años. Faltaba, sin embargo, la realización de un estudio metódico que, por un lado, constatara lo que, en una etapa educativa, hubiera o no de cierto sobre partidismo en los textos de diversas editoriales que proporcionan materiales en Cataluña, y, por otro, realizara un estudio comparativo con libros de texto de la misma materia y los mismos niveles utilizados en alguna comunidad autónoma no sujeta a inclinaciones nacionalistas.

Este es el estudio que nuestra organización ha llevado a cabo, con los datos técnicos y los resultados que se expondrán a continuación. Faltaría, naturalmente, la realización de este mismo estudio dentro de la realidad de las aulas, pero ese sería un trabajo que corresponde a otras instancias educativas con competencias y medios para acometerlo, como serían la Inspección de Educación autonómica y la Alta Inspección de Educación.

Leer informe completo en formato PDF

Sindicato AMES

Ya tenemos a los ganadores del ‘Underwater Photographer of the Year 2017’, un concurso nacido en 1965 que premia las mejores imágenes sobre la vida y el hábitat de mares y ríos en todo el mundo. Por desgracia, la calidad y el tamaño de las fotografías publicadas en el sitio del concurso son realmente malas y no se aprecia bien su calidad. Es por ello que he recopilado algunas de ellas:

Underwater Photographer (2017): Dancing Octopus
Dancing Octopus
Underwater Photographer (2017): Out of the Blue
Out of the Blue
Underwater Photographer (2017): Your home and my home
Your home and my home
Underwater Photographer (2017): One in a Million
One in a Million
Underwater Photographer (2017): Orca Pod
Orca Pod
Underwater Photographer (2017): The wreck of the Louilla at sunset
The wreck of the Louilla at sunset
Underwater Photographer (2017): Prince of the waters
Prince of the waters

Día 12 de febrero de 1980, pabellón deportivo del Real Madrid. Sobre el escenario, tres guitarristas tocando en acústico y sin ningún tipo de acompañamiento. John McLaughlin ocupa el centro del mismo; Larry Coryell se halla a su derecha; Paco de Lucía, a su izquierda. Tres instrumentistas de leyenda unidos en su común amor por la guitarra. El tocaor recuerda aquella noche en que se oficializó lo que no pasaba de ser, hasta aquel momento, una mera unión de hecho: «Yo estaba tan nervioso que no sabía dónde meterme. Imagínate, tocar junto a esos dos maestros del jazz».

Paco tocó aquella noche y otras muchas con ellos dos y con Al Di Meóla, quien vino a ocupar el lugar de Coryell en las sucesivas giras de conciertos de The Guitar Trio. Con ellos recorrió los escenarios más importantes de los cinco continentes, grabó tres discos oficiales y dejó una impronta imborrable en un público mayoritario que, hoy, recuerda con añoranza las hazañas de los tres superguitarristas.

Chema García Martínez

Descargar «Pasion, grace and fire» (Fuente: El País. Estrellas del Jazz)

El populismo cuenta con muchas herramientas agitadoras y entre ellas se encuentra el convertir en un circo cualquier oportunidad que se presente. De los diversos espectáculos que se ofrecen bajo la carpa, uno de los más atractivos lo protagonizan los payasos. Tal vez por ello, no pierden oportunidad los podemitas de convertirse en auténticos payasos y no precisamente de circo. Esta actitud la conjugan con el matonismo propio de quienes creen que la violencia está justificada con tal de llegar al poder.

La última gracia ha sido no guardar un minuto de silencio por la muerte de Rita Barberá.  Según Pablo Iglesias, sus parlamentarios no pueden participar en el homenaje político a alguien «cuya trayectoria está marcada por la corrupción». En este punto, uno no sabe si echarse a reír o a llorar. En primer lugar, no se trataba de un homenaje sino de una muestra de condolencia por la muerte de una compañera de trabajo.

En segundo lugar, los diputados de Podemos, con ocasión de la investidura de Rajoy el pasado día 29 de Octubre, aplaudieron a rabiar al portavoz de BILDU, un partido cuya trayectoria está marcada por el terrorismo de ETA. No parece que eso les importara mucho.

Retomamos el matonismo: tras la bronca en el propio Congreso, la discusión siguió en la redes sociales. El diputado Eduardo Maura es un defensor acérrimo defensor de Otegui y demostró lo cerca que se encuentra de ese etarra y de sus métodos violentos: Seguir leyendo …