The COVID-19 Visual Project

El Proyecto Visual COVID-19 es una plataforma multimedia que aspira a convertirse en un archivo permanente de la pandemia de coronavirus. Es un repositorio continuo que albergará una variedad de contenidos que documentan los hechos globales y las emociones generalizadas que definen este momento único en la historia.

Cortona On The Move, festival internacional de narrativa visual, está encargando a los fotógrafos de todo el mundo trabajos relacionados con la crisis: la emergencia sanitaria, la reacción económica, las luchas sociales y las consecuencias personales. Con el fin de ser lo más completo posible, el proyecto está organizado en capítulos donde muchas historias cubrirán múltiples temas, a veces superpuestos. Porque, en momentos críticos como este, las categorías y definiciones son borrosas, tal como nuestras vidas son en el momento actual.

Cada capítulo crecerá con nuevas historias a medida que estas extrañas semanas progresen y la humanidad intente encontrar soluciones y adaptarse a un nuevo orden mundial. Pretenden recoger el cambio, las reacciones y el estado de ánimo desde diferentes puntos del mundo. Para lograr esto, han invitado a artistas visuales para que contribuyan con narraciones originales producidas por y en la era COVID-19. Un ejemplo de ello es el video de Luján Agusti y Nicolás Deluca sobre el impacto del coronavirus en un lugar tan remoto como la Tierra del Fuego. El proyecto, lanzado el 11 de mayo de 2020, no finalizará hasta que  se encuentre una vacuna y una cura.

Proyecto Visual COVID-19

Refugiados rohinyá a su llegada, en septiembre, a Bangladés por el río Naf. Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
Refugiados rohinyá a su llegada, en septiembre, a Bangladés por el río Naf. Credit Sergey Ponomarev para The New York Times

Aunque en el imaginario occidental los budistas son representados como gente de paz, la realidad dista mucho de ese cliché. En Birmania, por ejemplo, ya se dieron las primeras alertas en 2017 sobre la limpieza étnica que se estaba produciendo en ese país (artículo en PDF). Los rohinyás, una minoría musulmana, fueron primero perseguidos y después masacrados y expulsados del país. Dos años más tarde, la violencia de los supuestos pacifistas budistas va en aumento (artículo en PDF) en ese y en otros países.

En la actualidad, la situación de los rohinyá refugiados en Bangladesh es gravísima, en especial para los niños. Más de medio millón de refugiados en el campo de Cox Bazar (Bangladesh) hacen de éste el más grande del mundo. El relato de las personas que masivamente llegan a ese campo es aterrador. Episodios de extrema violencia donde los asesinatos, incendios de casas y abusos sexuales se repiten sin cesar.

Para quien quiera profundizar algo más, le dejo una recopilación de artículos de prensa (inglés y español): Los rohinyás.

El gasto público en salud

En estos días que tanto se habla de la sanidad, conviene acudir a los datos para alejarse tanto de sectarios como de populistas. Basta revisar el State of Health in the EU · España · Perfil sanitario nacional 2019 (último publicado) para comprobar que el sistema de salud español presenta, en relación al resto de países europeos, aspectos positivos y negativos.

En el mencionado informe se resume así la situación de la sanidad:

España tiene la esperanza de vida más elevada de la UE y su desigualdad social en materia sanitaria es menos pronunciada que en muchos otros países. Sin embargo, gran parte de la vejez se vive con enfermedades crónicas y discapacidades, lo que incrementa la demanda de los sistemas sanitarios y de cuidados de largo plazo. El gasto sanitario per cápita en España es más de 15% inferior a la media de la UE. Aunque la mayor parte del gasto está financiado públicamente, el gasto directo de las familias representa un porcentaje mayor que la media de la UE. El sistema sanitario español se basa en un sólido sistema de atención primaria, pero la creciente demanda de servicios derivada del aumento constante de las enfermedades crónicas podría requerir un uso mayor y más eficiente de los recursos.

El fuego purificador17 de marzo de 2020: «Ayer se quemó el cuerpo de la meditadora. Con ella se quemaron muchas cosas. Se quemaron 4 toneladas de madera. Se quemó un año de trabajo intenso y maravilloso. También se quemó la posibilidad muy tangible de ver la figura de la meditadora en la plaza como un símbolo histórico, universal y revolucionario. Se quemó el cuerpo de una mujer meditando en el centro de una crisis mundial, en el centro del ruido que un virus silenció.

No es este el final que esperabamos. Tampoco lo son las circunstancias. La magnitud de esta figura ya nunca podrá ser. Quizás otra mujer, quizás una parte de esta, quizás solo el recuerdo, quizás solo su ausencia. Afortunadamente, más allá de la forma, su mensaje si ha trascendido. La mujer meditando nos cuenta que todo es impermanente. Nada es para siempre. Superaremos el vacío de estas fallas. Superaremos la cuarentena. Superaremos esta crisis. Superaremos el nuevo orden mundial. Lo superaremos todo, incluso la vida en este plano material. Y el mundo seguirá girando. 360 grados en 24 horas…» —Escif

Recetas económicas para una crisisNo soy economista y mis conocimientos sobre la materia se limitan a los conceptos más manidos en este mundillo: PIB, renta per cápita, impuestos directos e indirectos, demanda agregada y poco más. Sin embargo y al igual que todos ustedes, formo parte de una pequeña empresa a la que llamamos «familia». Las hay de distintas clases y tamaños pero todas ellas comparten los mismos tipos de gastos e ingresos.

Por el lado de los ingresos contamos con los salarios y las transferencias del sector público (prestaciones de desempleo, pensiones, ayudas familiares, etc). Por el lado de los gastos, el consumo de bienes y servicios finales (alimentación, ropa, electricidad, etc) y los impuestos. La diferencia, en caso de ser positiva, es el ahorro.

La empresas, por su parte, presentan un esquema muy parecido. Los que las familias gastan en bienes y servicios finales son sus ingresos a los que se les suma las subvenciones y ayudas proporcionadas por el sector público. En el lado contrario, sueldos, impuestos y consumo de bienes y servicios finales.

En medio de ambas organizaciones se encuentra el sistema financiero que capta el ahorro para después ofrecer recursos para la inversión a las empresas y préstamos a las familias para su consumo. Y por supuesto, el sector público cuyos ingresos dependen de los impuestos mientras que los gastos comprenden las transferencias a las familias y a las empresas, servicios productivos (v.g. contratar personal), y bienes y servicios finales.

Con la declaración del Estado de alarma este flujo de ingresos y gastos se ha deformado y el Gobierno presenta como solución el aplazamiento de las deudas (y no de todas) pero esto solo conseguirá diferir en el tiempo el problema. Supongamos que esta situación se prolonga durante dos meses: ¿y si borramos del mapa económico ese tiempo para todas las familias y para la empresas afectadas?

Dejamos de pagar durante ese tiempo la hipoteca, el alquiler y los impuestos, y eliminamos el IVA de la electricidad, el agua, la basura, Internet,… medidas todas ellas aplicables tanto a las familias como a las empresas. No solo eso sino que además se reduciría de forma proporcional los impuestos directos anuales en aquellos apartados afectados por el confinamiento. Con ello reducimos el gasto al mínimo imprescindible de forma que sacrificamos una parte muy pequeña de nuestro ahorro.

El flujo económico se rompe quedando el Estado como único garante del sistema. Mantendría tanto las transferencias a las familias (prestaciones de desempleo, pensiones, ayudas familiares) como a las empresas (subvenciones) y seguiría gastando en bienes y servicios finales así como en servicios productivos. Como es obvio, sus ingresos se reducirían de forma notable y sería entonces cuando el Banco Central Europeo debería acudir en ayuda del país mediante la compra de deuda. Sencillo, efectivo y práctico.

Nota: probablemente, nada de lo dicho tenga sentido y estoy seguro de que los economistas se llevarían las manos a la cabeza si leyeran esta peregrina idea pero… ¿y si tengo razón? Hasta los caballitos del diablo me mirarían asombrados.

Gregg Segal_Undaily BreadArianny Torres introdujo en su mochila algunas mudas, un par de juguetes, medicinas, pañales, un biberón, fotos de parientes y su Biblia. Después, con sus hijos Lucas y Alesia, viajó 976 kilómetros desde Maracaibo hasta Bogotá. Reservó parte del poco dinero que tenía para la comida y eso la obligó a realizar buena parte del trayecto andando. Ahora vende dulces en la Plaza Bolívar y aunque las cosas podrían ser mejores, al menos la vida es más estable que en Venezuela y sus hijos pueden comer tres veces al día.


La imagen pertenece a la serie de Gregg Segal llamada Un-Daily Bread. El trabajo de este fotógrafo, llevado a cabo con la colaboración de ACNUR, muestra a los inmigrantes venezolanos con la totalidad de sus pertenencias. Cada imagen publicada en su Instagram también incluye un largo pie de foto que describe el difícil viaje de cada familia. La serie es continuación de Daily Bread, un proyecto en el que Segal captura imágenes de niños de todo el mundo rodeados de lo que comen cada día.

El recuento de sus pocas pertenencias nos adentra en la grave crisis que sacude Venezuela. Tanto es así que ACNUR ha decretado una emergencia para ese país: «Las personas continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad y las amenazas, así como la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales. Con más de 4 millones de venezolanos y venezolanas que se encuentran viviendo en el exterior, la gran mayoría en países de América del Sur, este es el éxodo más grande en la historia reciente de la región» (Ver ACNUR » Situación en Venezuela).

La niña lloraba envuelta en una manta roja de donación. Tenía un día y aún no le habían puesto nombre. Poco antes de nacer, sus padres se habían sumado al éxodo de refugiados rohingya que huían de Myanmar hacia el que pronto se convertiría en el campo de refugiados más grande del mundo, el asentamiento de Kutupalong-Balukhali, situado en Cox’s Bazar, en Bangladesh.

El fotógrafo Turjoy Chowdhury recorría los campamentos cuando agachó la cabeza para entrar en una chabola, atraído por un llanto quejumbroso. Mientras fotografiaba a la recién nacida, dice Chowdhury, no se sacaba de la cabeza las medidas políticas y la persecución a las que obedecía aquella escena: «En ese instante, contemplando aquellos ojos inocentes, pensé: ¿estamos todos locos?».

Los niños rohingya nacidos en Cox’s Bazar vienen al mundo en un limbo legal: no son bangladesíes, pero tampoco birmanos. Dado que ninguno de los dos países ofrece la ciudadanía a los rohingya, los bebés nacidos en el campo de refugiados son apátridas.

Desde hace unas décadas la etnia rohingya -de mayoría musulmana- tiene consideración de población extranjera en Myanmar -de mayoría budista-, aunque probablemente lleven viviendo en el país desde el siglo xv como mínimo. En 1982 Myanmar aprobó una ley que garantizaba la concesión de ciudadanía a los grupos étnicos principales, pero una posterior interpretación de aquella ley excluyó a los rohingya e hizo prácticamente imposible que demostrasen su nacionalidad. En virtud de ella, el Gobierno les expidió unas tarjetas de registro temporal, que, a diferencia de los documentos de identidad, no se consideran prueba de nacionalidad.

En agosto de 2017 un atentado perpetrado por insurgentes rohingya contra comisarías de policía desencadenó una implacable ofensiva del Gobierno birmano. Desde entonces han huido a Bangladesh más de 900.000 rohingya del millón que se estima llegó a haber en Myanmar. Como Bangladesh no los reconoce como refugiados, no pueden desplazarse libremente, no tienen derecho a la escolarización, no disponen de acceso a los servicios públicos y no pueden obtener la ciudadanía. En noviembre de 2017 se firmó un acuerdo de repatriación entre los dos países implicados para organizar su retorno voluntario, pero las condiciones en Myanmar distan mucho de ofrecer seguridad a los rohingya, afirman los colectivos de derechos humanos.

Del medio millón de niños que viven en Cox’s Bazar, más de 30.000 son bebés de menos de un año, según ACNUR, la agencia de refugiados de la ONU. «La apatridia envuelve el futuro de los niños rohingya en una enorme incertidumbre», declara Karen Reidy, portavoz de Unicef. Es probable que se les excluya de los programas educativos formales y, con el tiempo, del mercado de trabajo. «Un niño sin nacionalidad puede tener ante sí toda una vida de discriminación», añade.

En el mundo hay al menos 10 millones de apátridas, apunta la ONU. El «giro xenófobo» global seguramente elevará esa cifra en los próximos años, dice Amal de Chickera, codirector del Instituto de Apatridia e Inclusión. «Si eres apátrida, no basta con garantizar que el retorno [al hogar] sea seguro: necesitas un Estado al que retornar».

El proyecto de Chowdhury, «Born Refugee» («Refugiado de nacimiento»), documenta los primeros días de vida de los niños. Para localizar a sus protagonistas, simplemente pregunta en las atestadas calles del campo si saben de algún recién nacido. «La gente empezó a darse cuenta de que era importante y empezó a guiarme», cuenta. Para este fotógrafo, cada bebé representa los daños colaterales de un conflicto centrado en la identidad étnica. «Constantemente me viene a la mente la canción Imagine de John Lennon -dice-. Un mundo sin fronteras: de eso va el proyecto».


Texto: Nina Strochlic (National Geographic, Julio/2019).
Fotografías:
Turjoy Chowdhury

Existen dos modelos básicos de sistema electoral: mayoritario y proporcional, aunque cada uno de ellos comprende asimismo varios subtipos. En España se utilizan ambos ya que en el Senado se aplica un «escrutinio mayoritario plurinominal parcial» y en el Congreso un sistema proporcional basado en la Ley d´Hondt.

La mayoría de los sistemas electorales priman la gobernabilidad por encima de la proporcionalidad. De una u otra forma, los partidos más votados obtienen una mayor representación parlamentaria que si se aplicara una simple regla de tres. El objetivo es facilitar mayorías de gobierno amplias que a su vez permitan estabilidad a lo largo de todo el mandato. Con ese mismo fin y evitar parlamentos muy fragmentados, se suele establecer un umbral por debajo del cual la candidatura queda descartada. En España aquél está establecido en al artículo 163. 1.a de la LOREG: «No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción».

En el caso del Congreso nos encontramos con dos problemas: coste del escaño en votos e infrarrepresentación de las minorías nacionales. Veamos los datos:

El sistema electoral a debate

Si tomamos los datos de las última elecciones, podemos comprobar como PACMA (una minoría nacional) con seis veces más votos que el PRC (Partido Regionalista de Cantabria) se queda sin representación mientras que el partido regionalista obtiene un diputado. Lo mismo les ocurre a Front Republicà y al BNG ya que ambos obtuvieron más votos que PRC y se han quedado sin embargo con cero escaños. Como vemos, el uso de la circunscripción provincial provoca la infrarrepresentación de minorías nacionales en contraposición a los partidos regionalistas.

Si nos fijamos ahora en el coste de cada escaño en votos, veremos que la diferencia entre el escaño más «barato» y el más «caro» es de 59.352 votos. Resulta evidente que no todos los votos valen lo mismo. En este caso, no es tanto el tipo de circunscripción como la relación entre el número de votantes y de diputados elegidos en cada una de ellas. En Cantabria votaron 361.565 personas (/5 escaños = 72.313) mientras que en Madrid lo hicieron 3.786.761 (/37 escaños = 102.344). Aunque tomáramos el censo en lugar del número de votantes, la diferencia sigue siendo muy grande: 92.602 y 128.331 respectivamente. Lógico, por tanto, que el voto cántabro tuviera mucho valor que el madrileño ya que son necesarios menos votos para obtener un escaño.

Esto sucede porque, de los 350 totales, solo 248 diputados se asignan de forma proporcional a la población de derecho. Los otros 102 salen de asignar dos a cada provincia (excepto Ceuta y Melilla que tienen uno cada una de ellas) con independencia de su población. El corolario a esta distribución es la repercusión negativa en el reparto de los escaños para los partidos nacionales menos votados ya que necesitan muchos más votos para alcanzar un escaño. Les pasó en su momento a Izquierda Unida y UPyD, y les ha pasado en estas últimas elecciones a VOX (en menor medida también a Podemos).

Pero entonces…, ¿es nuestro sistema electoral proporcional? La respuesta es sí. Si calculamos el coeficiente de correlación entre el número de votos y el de escaños obtenidos, el resultado es 0.98, es decir, casi perfecto. La fórmula D’Hondt pretende mantener, dentro de determinado nivel mínimo, la sobrerrepresentación del partido más votado por lo que el coeficiente de correlación se mantiene alto aún en el caso de la circunscripción provincial. Otros índices más específicos, como el de Loosemore–Hanby,  arrojan asimismo una proporcionalidad casi perfecta.

¿Y aún así es injusto? En parte sí lo es debido a los dos problemas ya comentados, es decir, la infrarrepresentación de las minorías nacionales y el valor del voto. Ambos son consecuencia no de la fórmula D’Hondt sino del tipo de circunscripción y de la asignación de los escaños a cada provincia.

¿Y cómo podemos resolver esos problemas? Muy sencillo: cambiando la circunscripción de provincial a nacional y mantener intactos el resto de los elementos (fórmula D’Hondt y umbral). El coeficiente de correlación sube al 0.99 y el coste de los votos para cada partido es prácticamente el mismo para todos ellos.

A cada muerte de una mujer se produce una tormenta mediática y política acompañada de la ya clásica revuelta en las redes sociales. De uno a otro extremo se difunden mensajes alarmistas o racistas que acaban por producir tal desazón que solo consiguen amedrentar a las mujeres. A la vista de todo ello, parecería que las mujeres no pueden salir a a la calle sin miedo a ser asesinadas. Hoy mismo, por ejemplo, la portavoz adjunta de Podemos, Ione Belarra, ha afirmado que se necesitan «políticas públicas que nos protejan antes de que nos maten»: ¿a qué se refiere? ¿a poner un policía detrás de cada mujer? ¿obligar a las mujeres a ir en grupos de cinco? ¿una alarma conectada a la policía en el tobillo de cada mujer? ¿encarcelamos a todos los hombres?.

¿De verdad es tan grave la situación? A la vista de los estudios, la respuesta es «No». En realidad, los populistas de derecha e izquierda aprovechan para lanzar un mensaje con el ánimo de provocar miedo entre las mujeres. Se gobierna mejor a una sociedad amedrentada que a una libre y sin miedo. No dudan, por tanto, en introducir en el debate público la nacionalidad o el sexo de los asesinos con el fin de magnificar un fenómeno que es absolutamente residual en nuestro país.

España ya cuenta con uno de los códigos penales más duros de Europa gracias sobre todo a la reforma llevada a cabo por el PSOE en 2008 que se endureció, aún más si cabía, con la Prisión Permanente Revisable promovida por el PP en 2015. Por otra parte, en España se cometen cada vez menos homicidios y la tasa anual es de las más bajas de mundo: 0,6 por cada 100.000 habitantes, un cifra ínfima comparada por ejemplo con Francia (1,3) o Finlandia (1,4).

Al grito populista de «¡Nos matan a todas!» hay que enfrentar la realidad y ésta nos dice que las mujeres pueden sentirse seguras en España. Este estudio lo demuestra: Informe sobre el homicidio en España (2010-2012). Menos basura sentimental y más razones jurídicas y lucha anticrimen.