Alejandro Molina

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Resulta inevitable constatar un patrón de conducta reiterado en las reacciones mediáticas del separatismo, sean institucionales o en redes sociales, tras las naturales y previsibles respuestas del Estado a los desafíos que respectivamente supusieron el simulacro de referéndum de autodeterminación del 1-O y los actos de implementación de su supuesto resultado en las semanas siguientes, y que han desembocado en el descabezamiento judicial de su cúpula dirigente.

Ya antes del referéndum, resultaba significativo oír a un retador Carles Puigdemont desde su cargo de president, a medio camino entre el pasmo y la actitud asombrada, preguntar al Gobierno si pensaba evitar el referéndum ilegal llegando al uso de la fuerza.…  Seguir leyendo »

Asoman en estos días a los medios creadores de opinión que sugieren, como solución a la crisis provocada por el desacato de la Generalitat al orden constitucional, la celebración de elecciones autonómicas en virtud de una decisión in extremis del president Puigdemont, quien, de grado, haría uso de su facultad de disolver el Parlament antes de la publicación en el BOE de las medidas que acuerde el Gobierno en ejecución de lo propuesto al Senado el pasado sábado.

Con esta decisión del president —se dice— quedaría constatada la vuelta a la legalidad de la Generalitat, que, sin hacer un acto revocatorio expreso de la declaración del 10 de octubre ni de lo suscrito por la mayoría secesionista declarando “constituida la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”, habría sin embargo renunciado tácitamente a su supuesto inconstitucional máximo.…  Seguir leyendo »

Es inconcebible que se pueda calificar de “error” o “torpeza” que las fuerzas del orden encargadas de ejecutar la resolución judicial de impedimento del “referéndum” cumplieran, precisamente, con su cometido. ¿Cuál es el error? ¿Que usaran la fuerza? Oigan, un antidisturbios no es un filósofo de la palabra que aborde su tarea por el método deliberativo de disuadir con argumentos a quien con su comportamiento delictivo se apodera ilegalmente de locales públicos. La fuerza del orden interviene cuando el delincuente, persistente en su conducta, ya se ha desentendido de la fase deliberativa, que precisamente ha concluido con una resolución judicial que ha sido desatendida: por eso sólo queda el recurso de la fuerza.…  Seguir leyendo »