José Luis Pardo

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de abril de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

La pregunta del millón en nuestros días, que mantiene en vilo a miríadas de intelectuales de izquierdas en todo el mundo, es esta: ¿por qué sube la extrema derecha (también llamada “derecha populista” o “nacional-populista”)? Así planteada es difícil responderla en pocas palabras, porque los casos de Bolsonaro, Orbán, Le Pen, Trump, la AfD o la Liga Norte no son iguales y sería aventurado arriesgar una respuesta única para todos. Así que quizás sea aquí aconsejable la máxima de “ir por partes” e intentar contestar a esta pregunta solo en el caso español, por aquello de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.…  Seguir leyendo »

Cien años después

Ay, qué pesado, qué pesado
Siempre pensando en el pasado

Se nos ha ido un año tan lleno de convulsiones, contusiones y sainetes que la palpitante y siempre tiránica actualidad ha hecho que nos pasaran casi inadvertidos, entre muchos otros, dos centenarios que en otras circunstancias habrían dado bastante que hablar. Uno, el que a primera vista parece más serio, es el de la toma del Palacio de Invierno de San Petersburgo por el Ejército Rojo, que dio pie al establecimiento de la URSS. Este hecho extrae ante todo su seriedad, como todas las revoluciones políticas, del elevado número de cadáveres con los que abona el campo de batalla (y que a medida que crece hace más difícil admitir que los que murieron lo hicieron “para nada”), pero le añade a esta gravedad histórica una seriedad moral: la de haber supuesto, para muchísimas personas y durante muchísimo tiempo, un foco de esperanza política que señalaba a la humanidad el camino de su futuro.…  Seguir leyendo »

En los últimos tiempos he recibido de muchos de vosotros mensajes emotivos sobre la situación creada en España por el independentismo catalán. Algunos eran mensajes de ánimo y de apoyo a la “República” frente a la represión “franquista” del Gobierno de Mariano Rajoy. Os los agradezco. Sé que en la memoria del izquierdismo europeo pesa aún cierto sentimiento de culpa y de vergüenza porque el resto de Europa dejó bastante solo a mi país ante el ataque del fascismo en 1936. Lo comprendo. Pero, como decía Albert Camus, “la guerra de España nos ha enseñado que la historia no discrimina entre las causas justas y las injustas, sino que se somete a la fuerza bruta, cuando no al mero azar”.…  Seguir leyendo »

En la primera mitad del siglo pasado, el filósofo Bertrand Russell defendió con particular empeño la tesis de que una proposición es verdadera sólo si se corresponde con los hechos. Lo hizo contra los pragmatistas y los neopositivistas, que sostenían que las afirmaciones no se validan por los hechos sino por su coherencia con el marco interpretativo. A Russell le escandalizaba esta posición porque, según ella, una proposición falsa podría declararse verdadera si se construía un marco fantástico o ilusorio para interpretarla que fuera mayoritariamente aceptado. La historia cultural posterior ha dado la razón a los adversarios de Russell, y a él le ha convertido en un cascarrabias retrógrado, hasta el punto de que hoy día los gabinetes de prensa elaboran “hechos alternativos” para convertir en verdadera cualquier proposición, por muy fantasmagórica que sea.…  Seguir leyendo »

Sí, ya sé que la celebración que toca esta temporada es la del cincuentenario del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.Soy sensible a ella. Es un disco importante por muchas razones, entre otras por su formato material y conceptual, y porque se cierra con la canción que, en la mayoría de las votaciones populares, sigue apareciendo como “la mejor” de los Beatles. Pero, puesto que de esta conmemoración ya estarán ustedes informados, y dado que yo ya celebré por todo lo alto (en mi modestia) el 40º aniversario, les ruego que me perdonen si me desplazo a otro número redondo.…  Seguir leyendo »

Una cosa se le ha de reconocer a Zizek: ha comprendido perfectamente el funcionamiento del “capitalismo cultural” de nuestra época. Sabe que la autoridad que ayer hacía respetable al intelectual en el espacio público, que se basaba en el reconocimiento científico, filosófico o artístico de su obra por parte de sus pares, ha desaparecido porque justamente esas instituciones legitimadoras están en trance de demolición. Podría haber escrito novelas o haber hecho películas para llegar a las masas, pero sabe que también el cine y la literatura han perdido sus condiciones de influencia social. Podría haberse unido a un partido político, pero se dio cuenta de que se trataba de otra institución obsoleta.…  Seguir leyendo »

Los temores despertados por la llegada a la presidencia estadounidense de Donald Trump, después del sorprendente triunfo del Brexit en el referéndum de Reino Unido, y la inquietud que provoca el exitoso resurgimiento de formaciones políticas neofascistas y neocomunistas en toda Europa me han hecho recordar las observaciones de Umberto Eco acerca de esos momentos anómalos de la cultura popular, en los cuales, en lugar de identificarse con el héroe restaurador de la justicia y protector de los indefensos, el público se identifica con los grandes criminales de ficción, como ocurrió con la aparición de las aventuras de Fantomas, el personaje creado por Marcel Allain y Pierre Souvestre.…  Seguir leyendo »

Hace casi 200 años que Marx y Engels hicieron una proclama que desde entonces no ha dejado de tener éxito: que la filosofía no debe ser un simple instrumento de análisis del mundo, sino que ha de ponerse al servicio de su transformación, realizando en la historia aquellas ideas que hasta entonces no habían sido más que poesía. Esta realización nunca fue una tarea fácil: se precisaban para ello lo que Hegel llamaba “astucias de la razón”, es decir, medios materiales que implicaban un coste a menudo amargo, el mayor de los cuales era, en el siglo XIX, el de las guerras y las revoluciones.…  Seguir leyendo »

Al leer la tribuna de Alejandro Prada del 4 de Julio pasado (“Las humanidades fabrican inútiles”), me llama la atención que esté escrita fingiendo retóricamente atacar aquello que defiende, es decir, los estudios de humanidades. Quiero ver en ello un síntoma de algo que desde hace tiempo experimento con insistencia: la imposibilidad de reivindicar abiertamente estos estudios sin conseguir el efecto contrario al perseguido, es decir, que tal defensa suene a arrogante fatuidad o a ridículo servilismo. ¿Por qué se produce este perverso resultado? ¿Es simplemente la torpeza de quienes nos dedicamos a estas cosas, nuestra soberbia al enarbolar ese estandarte?…  Seguir leyendo »

Los profesores de la Universidad Complutense de Madrid se han enterado por los periódicos del plan que el rectorado de esa institución prepara para la reorganización de sus centros. Lo esperaban con interés, porque las universidades públicas están muy necesitadas de atención, como en general todo nuestro sistema educativo. La mala noticia es que, descontando la cansina muletilla retórica de la “calidad docente e investigadora”, el plan no contiene más que números. Los números son importantes. Las facultades superiores son también centros de gestión, y la gestión es en buena medida cosa de números. Pero en cuestión de números los supuestos beneficios del proyecto no están mínimamente cuantificados (no hay memoria económica, aunque se anuncia un ahorro que no llega al 1% del presupuesto de la universidad), sino ocultos por otra muletilla, la del “dinamismo y la flexibilidad”, inconcreta e insuficiente para justificar el destrozo académico que dichos números esconden.…  Seguir leyendo »

La pobreza política

En mayo de 2010 España dejó bruscamente de ser un país próspero, envidia de italianos y franceses según su presidente de entonces, para convertirse en un Estado endeudado y casi quebrado. Si la prosperidad había sido o no imaginaria es ahora lo de menos, puesto que el empobrecimiento financiero-laboral se hizo tan evidente que aún no hemos dejado de hablar de sus causas y consecuencias. De lo que apenas hemos hablado es del empobrecimiento político que lleva aparejada la penuria económica en un mundo como el nuestro, en el que economía y política son difícilmente separables. El PSOE lo sufrió el día en que Rodríguez Zapatero se quedó sin programa y sin un discurso que le permitiera tomar las impopulares medidas que tomó, lo que costó a su partido las elecciones de 2011.…  Seguir leyendo »

Verano en Berlín

El verano pasado, el Martin Gropius Bau de Berlín albergaba dos exposiciones principales. Una de ellas tenía como objeto al siempre radiante David Bowie, que estuvo vinculado a aquella ciudad en una de sus temporadas más locas después de la guerra, y que mientras residió en ella se levantaba cada mañana cantando la ‘Canción de Alabama’ que Kurt Weil escribió para La ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny, de Bertolt Brecht. La cola que había que hacer hasta llegar a la entrada era respetable. La otra exposición, a mitad de precio y sin cola, era una retrospectiva de Walker Evans, el inolvidable fotógrafo americano de los años de la Gran Depresión.…  Seguir leyendo »

There must be
50 ways to leave your lover…

Según decía Jim Thompson, el narrador que colaboró con S. Kubrik en el guion de Senderos de gloria (entre otras) y cuyas novelas dieron lugar a varias películas memorables, hay 32 formas de contar una historia. Pero —añadía Thompson— “hay una sola trama”. Quería decir algo tan sencillo —pero hoy tan políticamente incorrecto— como que las cosas no son de 32 maneras, sino sólo de una, aunque haya diferentes modos de relatarlas, es decir, diferentes perspectivas sobre lo ocurrido: tantas, al menos, como intereses involucrados en los hechos en cuestión. Esta diversidad no es de suyo preocupante, y en muchos sentidos podría considerarse “enriquecedora”, ya que el añadir puntos de vista variados puede completar la visión que nos hacemos de lo que nos pasa.…  Seguir leyendo »

“Toda vida es un proceso de demolición”, escribió F. S. Fitzgerald. Según él, los golpes espectaculares que llegan desde fuera no son tan importantes en este proceso como las pequeñas y continuadas quiebras internas, que pasan inadvertidas durante mucho tiempo y que, cuando llegan a la luz, ya son irreversibles. Yo siempre había creído que estas afirmaciones se referían a las consecuencias individuales del crash de 1929. Pero últimamente he comprendido que también tratan de nosotros.

La primera noticia de que se avecinaba una “mutación epocal” la recibí yo de boca de John Lennon en su mantra de 1970: el sueño ha terminado.…  Seguir leyendo »

Reírnos de nosotros mismos

A raíz de los horrendos atentados de París se ha levantado cierta polémica acerca de si todos somos o no Charlie Hebdo. Como la primera opción (“Yo soy Charlie Hebdo”, apoyada por Mario Vargas Llosa en EL PAÍS del 9 de enero) fue la que tomaron muchos ciudadanos ya antes de que se convirtiera en postura oficial, el artículo de David Brooks en el New York Times (“Yo no soy Charlie Hebdo”, que EL PAÍS publicaba junto con el de Vargas Llosa) no tenía más remedio que llamar la atención y forzar la búsqueda de una “equidistancia” ponderada entre esas dos posiciones aparentemente enfrentadas, que se materializó en la secuela de Víctor Lapuente “No sé si soy Charlie Hebdo”(EL PAÍS, 10 de enero).…  Seguir leyendo »

¡Y pensar que hace diez años
fue mi locura!
¡Que llegué hasta la traición
por su hermosura!… 

Como nos enseñó Walter Benjamin, las crisis económicas son, después de las guerras, las principales causantes de una clase de pobreza que no se confunde con la escasez de recursos materiales: la pobreza de experiencia. Es decir, esa peculiar miseria que padece una generación cuando se ve obligada a “comenzar desde cero”, sin poder heredar de sus ascendientes la experiencia que estos han conseguido acumular durante sus vidas, que es a menudo lo único que los más humildes pueden legar a sus hijos.

Esto es lo que está sucediendo entre nosotros con la principal experiencia política de la generación que hoy está abandonando el poder.…  Seguir leyendo »

En medio de los grandes vendavales electorales y sucesorios, ha pasado sin pena ni gloria la noticia de que el Ministerio de Educación español ha rectificado ligeramente la política de becas, rebajando la exigencia de aprobado por curso del 50% al 40% de los créditos en los estudios de ingeniería, arquitectura y grados de ciencias; ya antes de esta corrección la exigencia para becarios de las carreras técnicas y científicas era inferior a la nota que se pide a los de humanidades. Lo más interesante de esta decisión es la argumentación que la justifica, que evidencia un consenso universal acerca de que las carreras de ciencias exigen un mayor esfuerzo que las de humanidades.…  Seguir leyendo »

La casa (digital) de los pobres

En un certero análisis del fenómeno de la autofoto telefónica (La era de los selfies, 8 de marzo de 2014), Ernesto Hernández Busto registraba hace poco en estas páginas las transformaciones de la vida personal que las nuevas tecnologías ponen de manifiesto en la actualidad. Como suele suceder, subsiste en este punto un equívoco muy propio de nuestro tiempo y cuyo nudo resulta casi imposible de deshacer: la confusión entre privacidad e intimidad. Pues de lo que se trata en el tipo de conductas propiciadas por la nueva cultura de los gadgetsvisuales no es de la intimidad, sino exclusivamente de la vida privada, que en efecto está sometida a cambios extremadamente sintomáticos en nuestros días.…  Seguir leyendo »

Seguramente a ningún ciudadano le pasó desapercibido: el presidente del Gobierno se refirió, en el pasado debate sobre el Estado de la nación, a cierta clase de imposibilidad a la que no tuvo empacho en llamar metafísica.Como son tan pocas las ocasiones en que la metafísica sale a colación en las discusiones de la actualidad, y por tanto escasean las oportunidades de hablar públicamente de semejante cosa, espero permitan ustedes a un profesor que tiene entre sus encargos el de explicar una asignatura que lleva ese nombre en la Universidad Complutense de Madrid darse por aludido y aprovechar pedagógicamente una coyuntura que puede no repetirse en las próximas décadas.…  Seguir leyendo »

En 1941, George Orwell reflexionaba sobre la posibilidad de seguir hablando de algo llamado “Inglaterra” (aún no se había impuesto la expresión “Reino Unido”). Se preguntaba qué tendría en común el país de 1940 con el de 1840, y se respondía que lo mismo que uno tiene en común “con el niño de cinco años cuya fotografía conserva su madre sobre la repisa de la chimenea: nada de nada, salvo que se trata de la misma persona”. ¿Pero es posible hablar de una sola nación —continuaba— sin ofender a los escoceses o galeses? Es más: “¿Puede alguien fingir que exista algo en común entre quienes gozan de unos ingresos de 100.000 libras anuales y quienes viven con una libra a la semana?…  Seguir leyendo »