Artista

Caravaggio era un cabrón. Lo denunciaron, arrestaron, sentenciaron una y mil veces, por los más diversos motivos, como atacar y herir a un hombre a espada, lanzarse sobre un camarero que le había malservido unas alcachofas, o arrojar —con puntería— una andanada de piedras a un guardia. Golpeó con un cayado a un hombre recio, y, ya entrenado en el mal, mutiló y mató a otro, en una pelea en Roma. Huyó a Nápoles con muy buen ritmo. Caravaggio fue muchas cosas. Pobre como una rata. Homosexual atormentado. Líder de una banda. Famoso. Criminal polivalente. Aficionado al tenis (que entonces se llamaba pallacorda).…  Seguir leyendo »

Cornadas entre bueyes

La comunidad artística no es la comunión de los santos. Ni la artística ni, en general, la “intelectual”. Lo constaté hace unos años, mientras preparaba un libro sobre el compromiso intelectual y, en el camino, exploré el peculiar ecosistema del arte. No recordaba mayores grados de inquina gremial desde la cenas entre familias en El Padrino. No me sorprendió. Se correspondía con mi conjetura: la ausencia de criterios compartidos de calidad, aceptados y reconocidos por todos (esos que, mal que bien, operan en la mejor ciencia) propiciaría –además de la fragilidad psicológica de los artistas, quienes, carentes de tribunales fiables con los que tasar sus quehaceres, acababan por entregarse a su ego o a su corte para afirmarse en el oficio– la mala baba y el cainismo entre colegas, con particular dedicación a quienes ocupan posiciones que otros creen merecer.…  Seguir leyendo »

Llegó a tenerlas aseguradas por una cantidad astronómica, e incluso en los últimos años, en sus actuaciones públicas, todavía le gustaba mostrarlas. Ahora que las ha estirado definitivamente, nos gusta recordarla en esa actitud de tentadora flexión que arrastraba a una irreflexible pasión enfermiza a un conspicuo Emil Jannings en «El ángel azul». Esa imagen que ha quedado grabada para siempre en la iconografía espiritual de este siglo, que tantas otras han intentado imitar con escaso éxito.

No eran, en apariencia, un ejemplo de anatomía sobrehumana, pero mostraban sustancialmente una extraña invitación al vértigo, a dar un mal paso o a inclinarse en actitud de humillación absoluta bajo el tacón de su zapato.…  Seguir leyendo »