Artista

Cuando la semana pasada fallecieron el pensador George Steiner a los 90 años y el actor Kirk Douglas (Issur Danielovitch) a los 103, sentí que con ellos morían dos de los últimos representantes de una generación de intelectuales y artistas euroatlánticos, marcados por algunos de los episodios más cruentos del siglo XX, como el Holocausto y la estigmatización ideológica durante la Guerra Fría.

Tuvieron infancias muy distintas, pero ambos procedían de familias migrantes centroeuropeas de origen judío y, si bien lograron posicionarse dentro del establishment cultural anglosajón, mantuvieron siempre cierta condición de outsiderism. Si Douglas se describía a sí mismo como “el hijo del trapero” en The Ragman’s Son (1988), su primera autobiografía, y explicaba las dificultades materiales en las que creció en el municipio neoyorquino de Ámsterdam; Steiner reconoció siempre el carácter acomodado y erudito que tuvo su infancia a pesar de que su familia tuvo que huir del nazismo, primero de Viena a París y de allí a Nueva York.…  Seguir leyendo »

El mundo cultural francés se estremece con las correrías sexuales del cineasta Roman Polanski y la pedofilia confesa del escritor Gabriel Matzneff. Ellos creían que su talento les situaba por encima de las leyes y las normas de decencia habituales en nuestras sociedades. Pero resulta que las víctimas hablan. Sus predadores pensaban que eran musas, pero ellas nos explican que las trataban como carne de cañón y que nunca han superado el trauma que se les infligió. Los artistas incriminados alegan en su defensa que los tiempos han cambiado, una coartada de lo más mediocre.

En Francia, desde 1945, la ley sobre la protección de los menores considera delito las relaciones con un niño menor de 15 años.…  Seguir leyendo »

La araña de Louise

La «Mamá» de Louise Bourgeois (francamente «Maman») es una araña, con las iniciales de la artista, de mármol, acero inoxidable y bronce. Pesa 22 toneladas mide 10 metros de diámetro y 10 de altura. Bajo su abdomen tiene una faltriquera con 26 huevos de mármol. Sus ocho patas se yerguen verticalmente antes de torcerse casi horizontalmente para alcanzar el resto del cuerpo del animal. ¿Batirá hoy todas las plusmarcas en Nueva York? ¿Por más de 35 millones de dólares? ¿Será la obra más cara vendida en una venta pública por una artista femenina? ¿Por delante de Frida Kahlo –La Tierra Misma–, Camille Claudel o Tamara de Lempicka?…  Seguir leyendo »

Caravaggio era un cabrón. Lo denunciaron, arrestaron, sentenciaron una y mil veces, por los más diversos motivos, como atacar y herir a un hombre a espada, lanzarse sobre un camarero que le había malservido unas alcachofas, o arrojar —con puntería— una andanada de piedras a un guardia. Golpeó con un cayado a un hombre recio, y, ya entrenado en el mal, mutiló y mató a otro, en una pelea en Roma. Huyó a Nápoles con muy buen ritmo. Caravaggio fue muchas cosas. Pobre como una rata. Homosexual atormentado. Líder de una banda. Famoso. Criminal polivalente. Aficionado al tenis (que entonces se llamaba pallacorda).…  Seguir leyendo »

Cornadas entre bueyes

La comunidad artística no es la comunión de los santos. Ni la artística ni, en general, la “intelectual”. Lo constaté hace unos años, mientras preparaba un libro sobre el compromiso intelectual y, en el camino, exploré el peculiar ecosistema del arte. No recordaba mayores grados de inquina gremial desde la cenas entre familias en El Padrino. No me sorprendió. Se correspondía con mi conjetura: la ausencia de criterios compartidos de calidad, aceptados y reconocidos por todos (esos que, mal que bien, operan en la mejor ciencia) propiciaría –además de la fragilidad psicológica de los artistas, quienes, carentes de tribunales fiables con los que tasar sus quehaceres, acababan por entregarse a su ego o a su corte para afirmarse en el oficio– la mala baba y el cainismo entre colegas, con particular dedicación a quienes ocupan posiciones que otros creen merecer.…  Seguir leyendo »

Llegó a tenerlas aseguradas por una cantidad astronómica, e incluso en los últimos años, en sus actuaciones públicas, todavía le gustaba mostrarlas. Ahora que las ha estirado definitivamente, nos gusta recordarla en esa actitud de tentadora flexión que arrastraba a una irreflexible pasión enfermiza a un conspicuo Emil Jannings en «El ángel azul». Esa imagen que ha quedado grabada para siempre en la iconografía espiritual de este siglo, que tantas otras han intentado imitar con escaso éxito.

No eran, en apariencia, un ejemplo de anatomía sobrehumana, pero mostraban sustancialmente una extraña invitación al vértigo, a dar un mal paso o a inclinarse en actitud de humillación absoluta bajo el tacón de su zapato.…  Seguir leyendo »