Carmen Posadas (Continuación)

Escribo estas líneas en la sala de espera de un aeropuerto. No hay nada que me guste tanto como ser voyeur de la vida de otros; se aprende mucho viendo a la gente cuando cree que no es observada. A mi alrededor veo varias personas con libros. Bravo, me digo, a pesar de las lúgubres opiniones de muchos, lo cierto es que la literatura jamás ha tenido tantos lectores. En números absolutos es un hecho incontestable. Nunca tantas personas han tenido acceso a la educación y a la formación y por tanto a los libros. Las estadísticas dicen también que las mujeres son más lectoras que los hombres y así lo corrobora lo que veo a mi alrededor.…  Seguir leyendo »

Una de las preguntas que se le hace con más frecuencia a un escritor es esta: ¿Qué haría para lograr que los niños y jóvenes lean más? Por mi parte, yo contesto siempre lo mismo: no aburrirles como hongos.

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que un niño que lee adquiere más dominio del lenguaje, desarrolla más capacidad de discernir y agilidad mental, aumenta su imaginación y su curiosidad. Sin embargo, las medidas para alcanzar metas tan deseables no distan mucho de las que se tomaban en el siglo XIX, con aquello de la letra con sangre entra. A esto hay que sumar que en el siglo XIX y en buena parte del XX leer era un placer prohibido, un acto de rebeldía.…  Seguir leyendo »

Hace no mucho, una casa de cosméticos internacional se vio obligada, en el Reino Unido, a retirar una campaña publicitaria en la que una famosa actriz aparecía anunciando cierta crema antiarrugas. Según ha trascendido desde entonces, la razón de que se prohibiera es que había tal trabajo de posproducción que la cara de la modelo lucía irrealmente lisa. Hasta tal punto, que «exageraba de manera engañosa los efectos del producto». Me sorprendió leer esta noticia, porque creo que desde hace ya tiempo, entre todos, hemos aceptado que la exageración y la irrealidad forman parte de nuestras vidas y por supuesto también de las técnicas publicitarias.…  Seguir leyendo »

Empezaré por decir que vivo en Madrid, aun paso de las Cortes y a dos de la Puerta del Sol. Por eso, y por lo que tiene de fenómeno social y de síntoma de nuestro tiempo, me interesé desde el principio por el Movimiento 15M. También, como otros ciudadanos de todo el país, me solidaricé con muchas de sus inquietudes. De hecho, apenas unos días antes del 15 de mayo, en un artículo periodístico, me extrañaba de la pasividad de los jóvenes ante realidades tan aterradoras como un 45 por ciento de paro juvenil. Si a esto unimos una crisis de proporciones aún desconocidas, un presidente tan frivolo como botarate y un Gobierno inoperante, no hay duda de que eran muchas las razones para que la gente se lanzara a la calle proclamándose indignada.…  Seguir leyendo »

Siempre me ha sorprendido el fenómeno de la imitación. Tal vez porque para mal —y para bien, quizá— no soy muy propensa a él. Es evidente, sin embargo, que una de las formas, si no la forma más eficaz de aprendizaje, es copiar lo que hacen los demás. Así aprenden los niños los rudimentos de todo, así se pulen más adelante destrezas, se afinan talentos, se evitan errores. Sin imitación posiblemente jamás se habría inventado nada nuevo, puesto que solo se puede crear algo diferente si se conoce y se domina lo anterior. Hasta aquí lo obvio, lo positivo de dicho fenómeno, pero como todo en esta vida tiene dos facetas (yo cada vez estoy más oriental y creo que nada es bueno ni malo, sino las dos caras de una misma y contradictoria moneda) la imitación tiene también su faz oscura.…  Seguir leyendo »