Literatura

Prologando los escritos de juventud de Jane Austen, hasta entonces inéditos, el inmensurable Chesterton se preguntaba si tenemos derecho a hurgar en la papelera de un escritor de genio; y un tanto contradictoriamente, pues no otra cosa estaba haciendo él mismo, concluyó que no, porque -sostenía- la papelera de un escritor debe ser considerada tan sagrada como su tumba.

Con todas las alharacas de las que solo la industria editorial francesa es capaz, el pasado mes de octubre fue publicado, con el título «Le Mysterieux correspondant et autres nouvelles inédites» («El misterioso correspondiente y otros cuentos inéditos»), un conjunto breve de escritos inéditos de Marcel Proust, que datan de cuando tenía veinte años.…  Seguir leyendo »

En la larga sequía de aprecio, por unas razones o por otras, respecto a la obra de Galdós —aunque sus Episodios nacionales siempre estuvieran a salvo del desecamiento—, el cine, por el contrario, encontró en don Benito Pérez Galdós una fuente persistente de inspiración y suministro de historias. Es curioso que si, en los medios literarios, al escritor se le considerara poco moderno, sobrepasado por los Azorín, Baroja, Valle, que renovaron la escena literaria, fuera la más moderna de las artes la que acudiera sin dudarlo una y otra vez al viejo escritor. Y que cineastas de imágenes rompedoras y específicamente cinematográficas, como Buñuel, le utilizaran de punto de partida para sus creaciones.…  Seguir leyendo »

Como aficionado al llamado género del yo —tuvo la culpa la lectura a los 19 años de Carta al padre, de Kafka— y hacedor de biografías de literatos, que no biografías literarias, pienso que en España caminamos a paso lento en la producción biográfica; contamos con excelentes memorialistas, pero no abundan los biógrafos.

Las biografías son de utilidad para conocer más al personaje, para descifrar algunas claves de su obra, para establecer cierta complicidad y ligar nuestra intimidad a la del escritor, para saber qué hay detrás de un simple retrato de solapa. Conocer lo más recóndito de nuestros autores predilectos puede resultar una aventura fascinante.…  Seguir leyendo »

Retrato de Carlos Gardel, en 1935. Bettmann/CORBIS

El 24 de junio de 1935, Carlos Gardel murió calcinado dentro de un avión que buscaba despegar del aeropuerto de Medellín. Sus tangos contaban historias sentimentales, traiciones y desilusiones de amor, que calaron hondamente en el gusto popular. Así, su leyenda se prolongó más allá de su muerte, al punto que se contaba cómo había sobrevivido a las llamas, y, el rostro desfigurado, iba por los puertos cantando siempre con su voz incomparable, oculto bajo el ala gacha del sombrero. Era una manera de otorgarle la inmortalidad.

De su muerte había pruebas suficientes, pero cuando un personaje entra en el territorio del mito, sale derrotada la realidad.…  Seguir leyendo »

Actualidad de Fernández Flórez

En el Betanzos de mi infancia el ABC llegaba al día siguiente. Lo repartía por las casas de los suscriptores la quiosquera -América de nombre y continental de constitución- en torno al mediodía, dependiendo de la variable hora de llegada del exprés. El nuestro lo dejaba en el portal de casa después de pasar por la de doña Mercedes Beccaría, viuda de Romay. En su consulta de dentista, mi padre lo leía aprovechando los minutos que tardaba la anestesia para hacer efecto en las encías de sus pacientes. Después, a la hora de comer, lo subía al segundo piso y anunciaba:

-Luisa, la Tercera de hoy es de Wenceslao.…  Seguir leyendo »

En memoria de Amos Oz

Amos fue mi maestro, mi amigo.

Aproximadamente una vez al mes, salía por la mañana temprano de mi casa a las afueras de Jerusalén para ir a su casa de Ramat Aviv. Allí, él me hacía “el mejor café de la ciudad”, según él, y nos sentábamos a charlar.

No estoy seguro de que fuera el mejor café de la ciudad, pero, desde luego, era la mejor compañía.

Hablábamos de la situación del país, que parecía no tener solución. Hablábamos del sueño y de cómo ese sueño estaba haciéndose añicos. De los libros que habíamos leído. De otros autores. De los libros que estábamos escribiendo, de las frustraciones y del bloqueo del escritor.…  Seguir leyendo »

Cernudiana

Vuelvo siempre a Luis Cernuda: a los poemas en los que estaba todo lo que vendría luego. A esos poemas que me enseñaron la maravilla de una España imposible. Y en los que comencé a saber que sólo a esa imposible patria vale la pena amar. Jamás a la que existe.

Hubo, primero, la matemática pereza rítmica de un alejandrino, dando tumbos por recodos no invocados de mi memoria. Sólo más tarde, el esqueleto de ese ritmo se ha revestido de letras, sílabas. No ritmo ya; verso ahora. Irrevocable. «Pasada se halla ahora la mitad de mi vida». Reconocerme en él sería grotesco.…  Seguir leyendo »

Fachada de la redacción de Alger Republicain en 1938.

Ahora que se celebra el 60 aniversario de la muerte de Albert Camus, el 4 de enero de 1960, es oportuno rescatar una de sus facetas biográficas menos conocida.

Escritor, pensador, dramaturgo, ensayista, premio Nobel de Literatura en 1957, el nombre de Albert Camus aparece ligado sobre todo al mundo literario, pero no hay que olvidar que ejerció el periodismo en varias etapas de su vida. Camus entró en el oficio con tan solo veinticinco años en Argelia, su tierra natal.

Trabajó como periodista en cinco cabeceras. Las dos primeras en Argel: Alger Républicain y Le Soir Républicain, desde 1938 hasta 1940.…  Seguir leyendo »

‘He had a greatness about him, a nobility. Even towards those who attacked him.’ Amos Oz in 2014. Photograph: Uzi Varon

Amos Oz was a teacher to me, a friend. About once a month I would travel early in the morning from my house just outside of Jerusalem to his house in Ramat Aviv. He would make me “the best coffee in town” according to him, and we would sit and chat.

I’m not sure if it was the best coffee in town, but it definitely was the best company. We spoke about the state of the country, which seemed like it had no solution. We spoke about the dream and how that dream was shattering. About the books we had read.…  Seguir leyendo »

Compañerito de carpeta

Cuando José Miguel Oviedo comenzó a escribir reseñas de libros en el Suplemento Dominical de El Comercio, a finales de los años cincuenta del siglo pasado, hubo un cambio significativo en la cultura peruana. Hasta entonces no había habido críticos literarios propiamente hablando en el país, sino piadosos articulistas o historiadores de la literatura. José Miguel era un caso insólito. Sus textos eran verdaderos ensayos, comparables a los que, por aquellos mismos años, escribían Cyril Connolly en Londres, o Edmund Wilson y George Steiner en Nueva York. No exagero nada: la misma profundidad, la vasta información, la severidad y la exigencia idénticas.…  Seguir leyendo »

A un siglo de distancia de su muerte, el mayor novelista español después de Cervantes, conforme el juicio casi unánime de la crítica, se nos revela nuestro contemporáneo. Cuando, proveniente de los cuadrantes más alertados al progreso de su esquiva disciplina, el contemporaneísta llega al mundo del autor de Doña Perfecta, una bocanada de humanidad palpitante remece su ánimo, enfrentándolo con el verdadero sujeto de su estudio. La España del siglo XIX está ahí, en la inmensa enciclopedia -geografía antropología, estasiología, polemología…- que de ella escribiera don Benito. Todas las conquistas de Clío en el escudriñamiento de sus vetas más obscuras y en el análisis de algunas de sus claves interpretativas -patriotismo constitucional, revolución burguesa, pretorianismo, emergencia capitalista, urbanización- se refractan en el cuadro lleno de plasticidad, que de ella pintara el escritor grancanario.…  Seguir leyendo »

Los padres de Vladimir Nabokov solían veranear en Vyra, en una mansión con un gran jardín en los alrededores de San Petersburgo. Tras uno de esos almuerzos tardíos, largos y abundantes, tan característicos de los gustos de los rusos adinerados antes de la revolución, los anfitriones y los huéspedes salieron a tomar el café en la terraza. A Vladimir, que en aquella primavera de 1907 tenía ocho años, lo retuvo su tío Vasili Rukavíshnikov, diplomático, oRuka, según le llamaban sus compañeros de trabajo en las embajadas. Ruka, que en ruso significa “mano”, fue el apodo que arraigó también en la familia.…  Seguir leyendo »

Portada de un número de 'La Codorniz'. FUNDACIÓN ENRIQUE HERREROS

1. Poetas

Algunas de las mejores definiciones de la poesía que conozco se encuentran en los papeles póstumos de Wallace Stevens (1879-1955), una recopilación de escritos dispersos y (mayormente) inéditos del gran poeta modernista estadounidense publicada en 1957 bajo el título de Opus Posthumous. Tienen la ventaja, además, de que muchas son contradictorias: unas apuntan a lo que podríamos considerar compromiso transformador de la realidad (“la poesía es la respuesta cotidiana a la necesidad de poner en orden el mundo”) y otras a glosar el misterio de la inasible belleza del mundo (“la poesía es un faisán que desaparece en la espesura”).…  Seguir leyendo »

Como el sol por un cristal

Mi liberada:

La primera entrevista la publicó el diario La Vanguardia el 8 de enero de 1956. El tiempo ha convertido en una delicia su primer párrafo: «Rafael Sánchez Ferlosio, ganador del premio Eugenio Nadal 1955, se encuentra en Barcelona desde anoche, acompañado de su esposa, la joven escritora Carmen Martín Gaite. Llegaron ambos sigilosamente del mismo modo que habían partido de Granada a las cuatro de la tarde (…) ‘Desde luego quisimos escuchar la radio –nos ha dicho–. Pero no supimos a quién acudir, para estar a la vera del receptor’». El editor de Deliberar, José Lázaro, ha reunido hasta 45 entrevistas del escritor a lo largo de 60 años (1957-2017) en el volumen Diálogos con Ferlosio que acaba de publicar.…  Seguir leyendo »

Ricardo Palma, en España

Con lo conmemorativos y lo funerales que aquí somos, sorprende la poca atención que se le ha prestado este año al gran escritor peruano Ricardo Palma, que murió en octubre de 1919 después de una larga vida en la que España significó un hito y una fijación, sin dejar de dolerle lo suyo, colonialmente hablando. Palma, nacido en 1833 en Lima de padres pardos (mulatos), fue versificador y dramaturgo precoz, burócrata gubernamental, bibliotecario celoso y hombre de acción en la política y en la literatura, formando parte de una generación plasmada por él en sus deliciosas viñetas memoriales La bohemia de mi tiempo, donde se pinta como copartícipe de un romanticismo libérrimo en el que “desdeñábamos todo lo que a clasicismo tiránico apestara, y nos dábamos un hartazgo de Hugo, Byron, Espronceda”, teniendo cada cual “su vate predilecto entre los de la pléyade de revolucionarios del mundo viejo”.…  Seguir leyendo »

Tengo un amigo en Mallorca que sostiene una relación clandestina con los libros. Su mujer, irritada de verlo aparecer cada día con nuevas adquisiciones, le prohibió llevar uno más a casa. Los incómodos huéspedes habían desbordado los estantes y se habían instalado en el comedor, en los pasillos y la cocina, para no hablar del dormitorio y el retrete, y estorbaban cada movimiento.

Entonces, lo que hizo fue alquilar de manera clandestina una buhardilla en el mismo edificio, armar allí unos estantes, y cuidando el ruido de sus pasos, pues para subir al escondite debía pasar frente a la puerta de su propio apartamento, tras de la cual acechaba la celosa mujer, empezó a subir con las bolsas de nuevos libros por la estrecha escalera, para meter con todo sigilo la llave en la cerradura y entrar al escondite.…  Seguir leyendo »

Una música de oboe se me ha colado en el corazón. La película «La misión» nos conmueve al relatar la historia de una pequeña reducción jesuita en el Brasil del siglo XVIII mientras suena la banda sonora de Morricone. Nos sobrecoge la perseverancia de los protagonistas, unos hombres idealistas que construyen en la selva amazónica un pequeño poblado en el que el Evangelio es compatible con la inculturación y una cierta idea de progreso. Las reducciones jesuíticas guaraníes, levantadas mayoritariamente por curas españoles en Hispanoamérica, son el único ejemplo en la Historia de una utopía más o menos exitosa, pues sobrevivieron unos ciento cincuenta años hasta su disolución.…  Seguir leyendo »

El convento romántico

Si no lo remedia el Dios de la clemencia, que es el que acaba salvando al Don Juan de Zorrilla, mucho nos tememos que la innovación anglosajona del Halloween acabará sustituyendo definitivamente a la tradición española del Tenorio. La una y la otra tienen, no obstante, evidentes vínculos de parentesco, patentes, por ejemplo, en las fechas de celebración y en las respectivas guardarropías y «puestas en escena». ¿O acaso las gentes disfrazadas al halloweeniano modo no son perfectamente intercambiables con las figuras espectrales («las sombras», dice la pertinente anotación) del tercer acto del famoso drama romántico?

Pero no es nuestro propósito deplorar el ocaso de una tradición que el teatro español tiene por suya al menos desde mediados del XIX, sino advertir -con el pretexto de las tocas monjiles de doña Inés de Ulloa- sobre la amenaza que se cierne sobre el auténtico convento de la literatura romántica española.…  Seguir leyendo »

El Bob Dylan de los apologetas del genocidio

Cuando vivía en Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina, leí los libros del escritor austriaco Peter Handke, me quedé agradablemente desconcertado por sus obras de teatro y vi las películas que escribía. Me encantó el brillante vacío de su novela El miedo del portero al penalti. Me fascinó la belleza de la obra maestra de Wim Wenders Cielo sobre Berlín, en cuyo guion trabajó él.

A finales de los años ochenta, yo era joven y me obsesionaba la búsqueda de la inteligencia y la modernidad. Handke no solo parecía inteligente y moderno sino que además, como autor, estaba ampliando las fronteras de la literatura.…  Seguir leyendo »

Recitando a Darío

En mis caminatas matutinas, en este otoño madrileño que parece no despedirse nunca del verano, la memoria me devuelve de pronto largos poemas de Rubén Darío que aprendí hace más de sesenta años. ¿Dónde estuvieron escondidos todo este tiempo? En el inconsciente, según el descubrimiento (o la invención) genial de Sigmund Freud. En aquella lejana adolescencia, leí mucho al inventor del psicoanálisis, incitado por el doctor Guerra, nuestro profesor de Psicología en San Marcos, que ilustraba las teorías freudianas con las novelas de Dostoievski y tenía una voz tan delgadita que apenas le oíamos, una voz que parecía el trino de una avecilla.…  Seguir leyendo »