César Antonio Molina

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de diciembre de 2007. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

El pasado es un país extranjero

"El pasado es un país extranjero", según la frase del escritor británico Leslie Poles Hartley, autor de la novela El intermediario, adaptada al cine por Losey con el título de El mensajero. Nosotros los españoles, por este motivo, vivimos exiliados en nuestro propio país que sigue ocupándose con mayor atención de los muertos lejanos (evidentemente hay que enterrarlos con toda la dignidad) que de los del presente. Todavía continúan muriendo cerca de 200 personas al día. No son los mil y pico diarios de los primeros meses de la pandemia, pero siguen siendo muchos. Por otra parte, continuamos sin saber el número exacto de fallecidos que deben superar en mucho a los 100.000 Y no nos olvidemos de los más de 300 asesinados por ETA, cuyos ejecutores aún se desconocen.…  Seguir leyendo »

Sabemos, porque él así lo comentó, que Kafka era un gran nadador y remero. De esto presumía mucho y no así de su obra literaria a la que siempre trató con desdén. Algunas de sus anécdotas más divertidas, en una vida muy corta y compleja, provenían de esas horas cotidianas que pasaba en el club náutico a las orillas del río Moldava. Deduzco que lo que realmente le hubiera gustado ser es campeón de algunas de estas disciplinas. Es decir, que le hubiera encantado ser olímpico y llevarse una medalla de oro. En sus Diarios en ningún momento se refiere a que le hubiera satisfecho ganar el Nobel.…  Seguir leyendo »

No hace muchos años, Kellyanne Conway, asesora de Trump en la Casa Blanca que luego dimitió, durante una entrevista que le estaba haciendo en la CNN Anderson Cooper, uno de los grandes periodistas televisivos norteamericanos, viéndose acorralada por una serie de preguntas comprometidas, salió al paso de la siguiente manera: "Nosotros tenemos verdades alternativas". Esta frase genial de una militante republicana, podría servir para resumir lo que ha sido este Gobierno ya difunto de "verdades alternativas", que no de mentiras, cosa que jamás, según ellos, cometieron. Cuando, tampoco hace mucho, Putin llenó de soldados Crimea y se la comió, apareció en la televisión rusa diciendo que aquellos militares de su país habían vuelto, como en otras épocas, a veranear en tan bella península.…  Seguir leyendo »

¡Todos al máster!

Durante las primeras décadas del siglo pasado, un periodista madrileño de cierto predicamento, Vicente Sánchez Ocaña, primo y valedor de Josefina Carabias, uno de esos agudos informadores que podría ser el cronista de este Gobierno cuando sus componentes ocupen un lugar de privilegio en el camposanto de Spoon River, escribía, en una de sus habituales colaboraciones para La Nación de Buenos Aires, que en la sociedad española había coléricos socialistas (Baroja los denominaba «pedantes, charlatanes e hipócritas»), coléricos carlistas, coléricos republicanos, coléricos catalanistas, coléricos vascos, trolistas –es decir, profesionales de la mentira como Valle-Inclán–, políticos chanchulleros o histriónicos, generales de salón (y no fue muy acertado en esto), monologuistas como Unamuno.…  Seguir leyendo »

La libertad negativa

En La idea de Europa, George Steiner, uno de los más grandes pensadores de nuestro tiempo –profesor en Stanford, además de catedrático en Cambridge–, escribió lo siguiente: «Europa es, ante todo, un café repleto de gentes y palabras, ese café es inseparable de las grandes empresas culturales, artísticas y políticas de occidente». Según esto, para nuestra vicepresidenta primera y para el director del CIS, Steiner fue un tabernario, al igual que lo fueron todos los creadores europeos (por no decir universales) durante siglos. En las tabernas, cafés, restaurantes y hospederías se debatió, se escribió, se confabuló y se conspiró.…  Seguir leyendo »

Madrid somos todos

Los populismos de ambos extremos, aunque por motivos electorales traten de ocultarlo, intentan introducir condiciones democráticas por medio de edulcoradas engañifas en vez de utilizar la persuasión. Obligar a los ciudadanos a ser libres es, en sí mismo, contradictorio. Pero no lo es el procurar convencerlos de la necesidad de la libertad. Así, el periodismo, además de la docencia y la cultura, deben ser esclavos de la verdad. Pero el filósofo norteamericano Richard Rorty, en su libro Filosofía y futuro, hace una distinción importante entre verdad y veracidad. En nuestros tiempos tan agitados, hemos estado hablando menos de la verdad y más de la veracidad.…  Seguir leyendo »

Desde Rusia sin amor

Debo ser de los pocos españoles que tuvo el honor de compartir unas horas con el ministro de Exteriores Ruso, Sergei Lavrov. Diplomático, inició sus servicios en la todavía URSS. Desde 1981 hasta 1988 formó parte de la delegación soviética en la ONU. Vladimir Putin, presidente de Rusia, lo designó en 2004 ministro de Exteriores. Y hasta hoy. Yo lo conocí en abril de 2007. Apenas llevaba en su cargo tres años. Es curioso que, de entre todos los ministros de cualquier gobierno, régimen o país, el de Exteriores suele ser el que más perdura. Lavrov lleva ya 17 años. Acaba de cumplir 70.…  Seguir leyendo »

Donde solo importan las gallinas oprimidas

Un día, a finales del pasado siglo, paseando por el cementerio de Hietzing en Viena, el futuro Premio Nobel de Literatura, el escritor húngaro Imre Kertész comprobó lo bien cuidado que estaba. Allí yacen el escritor Grillparzer; el pintor Gustav Klimt, muerto de la gripe española precisamente hace un siglo, en 1919; el arquitecto Otto Wagner; o Engelbert Dollfuss el canciller de Austria (1932-1934), asesinado por un fanático hitleriano. Tenía cuarenta y un años. Kertész venía tras haber pasado, por su condición de judío, parte de su infancia y juventud en los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald. Y por si esto no fuera poco, siguió sobreviviendo en un total ostracismo durante la larga etapa comunista.…  Seguir leyendo »

La cuestión de la culpa

En Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, se abrió un largo proceso de debate sobre la responsabilidad colectiva. Responsabilidad tras los acontecimientos sangrientos que tuvieron lugar durante los años del nacional socialismo. Habermas, cuyo padre había sido un destacado colaborador del régimen nazi, y él mismo un joven perteneciente a las juventudes hitlerianas que defendió la Línea Sigfrido, era partidario de que sí había habido una culpa colectiva. Una culpa que, al menos, tenía que solventarse con un reconocimiento público. Habermas se apoyaba en La cuestión de la culpa (1946), de Karl Jaspers. En este libro, su autor estaba claramente posicionado contra la negación de una responsabilidad colectiva que facilitaba la evasión «a aquella mentira vital que hace creer que uno no ha obrado erróneamente en ningún momento en condición de individuo singular, es decir, de no haber sido autor sino víctima de la propaganda del terror».…  Seguir leyendo »

1.  Delitos intelectuales. Robert Brasillach (1909-1945) era un escritor, periodista y el mejor crítico francés de cine de su tiempo. De ahí la admiración póstuma de Truffaut hacia su Historia del cine. Intelectual de la ultraderecha, influido por Maurras, apoyó a Franco y a Pétain, así como colaboró con los nazis y arremetió contra los judíos. Era la tercera pata del trío formado por Drieu La Rochelle y Céline. El primero se suicidó, el segundo huyó y lo hicieron regresar a Francia en silencio. El tercero, con muchos menos méritos que Céline, fue juzgado por traición y fusilado. De nada le valieron las firmas de Cocteau, Valéry, Mauriac, Anouilh, Paulhan, Colette o Camus.…  Seguir leyendo »

En los abismos del desprestigio

Baudelaire, en Mi corazón al desnudo, escribe que «las naciones no producen grandes hombres sino a su pesar». Y si fuera un autor español hubiera añadido que cuando surgen estos individuos «anormales» tienen que dedicar tanto esfuerzo a su labor como a defenderse de los embates de sus conciudadanos ofendidos. Valerio Máximo dedicó a ello varios capítulos de sus Hechos a la ingratitud. Se podrían resumir en el epitafio que mandó poner Escipión el Africano, conquistador de Cartago y luego perseguido y exiliado: «Patria ingrata, no posees ni siquiera mis huesos». Saint-Simon escribió también sobre «este fanatismo de los países de la Inquisición, donde la ciencia es un crimen y la ignorancia y la estupidez las mejores virtudes».…  Seguir leyendo »

La solidaridad del miedo

Creíamos, dentro de nuestro escepticismo patrio, que íbamos a aprender algo de todo lo grave que nos había pasado. Pero no solo no hemos aprendido nada, sino que lo hemos incluso empeorado. Seguimos sin preparación para hacer frente a esta segunda ola totalmente previsible; seguimos tomando medidas con retraso cuando tuvimos la pequeña tregua del verano que despilfarramos alegremente de vacaciones; seguimos sin médicos ni sanitarios suficientes; y, mientras tanto, el espectáculo que están dando los políticos es indigno y deplorable. Nos estamos volviendo a jugar la muerte de otros miles de ciudadanos, más víctimas de la mala gestión y las disputas partidistas que del propio virus.…  Seguir leyendo »

Dice Nietzsche en Así habló Zaratustra: «¡Oh, hermanos míos! ¿Acaso soy cruel? Pero yo digo: a lo que está cayéndose se le debe incluso dar un empujón». Probablemente nuestro Presidente no ha leído al filósofo alemán, pero a la vista de todo lo que debería haber estado haciendo este verano y no ha hecho, se podría afirmar que sería un alumno espabilado de Zaratustra. Cuando más necesita este país la presencia del Estado, el gobierno de la nación, tranquilamente, traspasa sus obligaciones a las comunidades autónomas y se va de vacaciones, mientras la gente, sus conciudadanos, incluso sus votantes y militantes, se siguen contagiando y muriéndose.…  Seguir leyendo »

Residencias, solución final

La situación por la que han pasado los ancianos en nuestro país, y no solo en el nuestro, durante esta epidemia que los ha diezmado, nos debería llevar a una larga y profunda reflexión sobre el papel de los mismos en nuestras egoístas sociedades, profundamente deshumanizadas. Abandonados o no en las residencias, no solo tienen que vivir fuera del ámbito habitual donde lo han venido haciendo a lo largo de sus vidas, sino con la permanente sensación de inutilidad y carga. Además, día a día, tienen que convivir con la soledad, la desesperanza, la falta de ilusiones y la presencia angustiosa de la muerte.…  Seguir leyendo »

«¿Es usted un reaccionario?», me decía Marc Fumaroli que le solían preguntar aquellos periodistas que no lo habían leído. Pero este catedrático de la Sorbona, miembro del Collège de France, académico, autor de libros tan fundamentales como La diplomacia del ingenio, París-Nueva York-París o La República de las letras, no rechistaba, se encontraba a gusto con esta calificación, aunque matizaba que, realmente, él era uno al que le gustaba «llevar la contraria». Es decir, le encantaba ir a contracorriente. Evidentemente, con razonamientos. ¿Acaso fue reaccionario combatir la peligrosa inclinación de la intelectualidad francesa a favor del totalitarismo comunista soviético o maoísta?…  Seguir leyendo »

Al día de hoy, ya en los inicios de junio, a casi tres meses del comienzo de la pandemia, nadie, a ciencia cierta, sabe cuántas personas han fallecido por esta causa en España. En el mundo tan desarrollado y tecnológicamente infalible en el que vivimos, una cuestión aparentemente tan sencilla no tiene respuesta. En París, rastreando los pasos de un gran escritor que había muerto en un hotel, que aún existe, el recepcionista me contestó muy airado: «¿Cómo puede preguntarme eso? ¡Aquí nunca ha muerto nadie!». El contar a los seres humanos ha sido siempre una tarea sacrílega, peligrosa y desafiadora de la divinidad.…  Seguir leyendo »

El virus de nuestra democracia

Leyendo estos días Sombras chinescas, de Simon Leys (1935-2014), uno de los más grandes sinólogos contemporáneos, me encuentro unas páginas dedicadas a Wuhan, la ciudad china de la que, desgraciadamente, ya nunca nos olvidaremos. Leys pasó varios meses, del año 1972, en este país, cuando todavía Mao estaba vivo y la aún reciente Revolución Cultural había cerrado colegios, universidades, y demolido obras de arte y monumentos históricos valiosísimos. Intentó asistir a un curso sobre lengua y literatura china pero, aparte de las dificultades por ser extranjero, se encontró con que el programa de estudios de esta materia era el siguiente: 1)Marxismo, 2)Historia del movimiento comunista internacional, 3)Historia del Partido Comunista Chino, 4)Poemas de Mao Zedong, 5)Lu Xu, un furibundo escritor marxista y defensor del régimen, y 6) Literatura y lengua china.…  Seguir leyendo »

Estos días, en medio de unas circunstancias inéditas y excepcionales, solamente creíbles en la ficción, se me vinieron a la cabeza estas dos historias ejemplares que, para gran parte de nuestros conciudadanos, les serán desconocidas. Una transcurrió en Lisboa, mientras que la otra en Nápoles. Ambas urbes están cargadas de tantas maravillas naturales como artísticas que, para los visitantes, se les hacen desapercibidas estas vidas. A finales del siglo XIX vivió el doctor Sousa Martins (1843-1897). Había nacido en Alhandra, una pequeña población a 30 kilómetros de la capital portuguesa, donde está enterrado y su casa es ahora un museo y tiene una estatua.…  Seguir leyendo »

Durante las 48 horas que pasé, hace ya más de una década, en la Feria del Libro de Francfort dedicada a Cataluña (el año que viene, por fin, estará dedicado a España), pagada generosamente por todos los españoles a pesar de que excluyeron a sus coterráneos que escribían en español, los más famosos y traducidos, que llenaban los escaparates de las muy repletas librerías de la ciudad alemana, en una cena de confraternización, una autoridad cultural de Esquerra Republicana me dijo –no sé si como una sugerencia suya personal, o una idea colectiva de su partido– que el asunto catalán se podía resolver muy fácilmente.…  Seguir leyendo »

Al pie de la Colina Capitolina, en pleno Foro romano, están las ruinas del Templo de la Concordia. Hoy, esos vestigios tapados por la escalera moderna que conduce al Capitolio, son apenas arenisca. Pero, aun así, sirven para marcar el espacio y recordar a los viandantes que allí, desde la República y durante el Imperio, se erigió este templo que celebraba la unidad del Pueblo de Roma y santificaba la paz entre los patricios y los plebeyos, al menos políticamente equiparados. En este espacio se celebraban algunas reuniones del Senado y sus mármoles escucharon discursos memorables como, en el 63 a.C.,…  Seguir leyendo »