XI. Anexos

El origen del arco de herradura

San Juan de Baños (Palencia)

Se atribuye frecuentemente a los constructores árabes la paternidad del arco de herradura, por la simple razón de que numerosos edificios musulmanes están provistos de arcos de este tipo. Ahora bien, un estudio de los monumentos visigóticos de España, que datan del siglo VII de nuestra era y son por tanto anteriores al desembarco de Tariq en la península, demuestra que esta forma de construcción aparece, entre el Ebro y el Duero, en el 661 (iglesia de San Juan de Baños), mientras que en Oriente Próximo una iglesia como la de Alahan, en Cilicia, que ofrece unos ejemplos todavía discretos, se remonta al 560 de nuestra era. Podemos incluso afirmar que el origen del arco de herradura es anterior y se sitúa en plena época imperial romana. Encontramos unos ejemplos con las estelas funerarias hispánicas de los siglos II y III. Por tanto no son los Árabes quienes introducen este elemento arquitectónico en Occidente. Pero dieron una gran difusión al arco de herradura, que se convertirá en una de las características de sus construcciones a partir del siglo VIII.

Nacimiento de la arquitectura funeraria

Tumba del califa al-Muntazir

Una construcción tan suntuosa como un mausoleo para conmemorar un difunto va en contra de los principios igualitarios del Islam en sus comienzos. El primer que se conoce en tierra musulmana es el de Samarra, en la orilla derecha del Tigris, frente al palacio de Djawsak Khakani. Se trata del Qubbat al-Solaïbiya, monumento octogonal provisto de un deambulatorio que rodea una sala funeraria cuadrada con una cúpula de 6,3 metros de diámetro. Este edificio es la tumba del califa al-Muntazir, fallecido en el 862, cuya madre —que era cristiana y griega (ortodoxa)— obtuvo la autorización de levantar para su hijo un mausoleo, donde fueron enterrados también, posteriormente, los califas al-Motazz (m. 869) y al-Mohtadi (m. 870).

Por su planta, el Qubbat al-Solaïbiya se inspira, evidentemente, en la cúpula de la Roca (Qubbat al-Sakhra) de Jerusalén, así como en los martyriums bizantinos. La existencia de un deambulatorio abovedado muestra que allí se practicaba el rito de la circunvalación, cuya apropiación por parte de los califas indica el deseo de subrayar el carácter sagrado del soberano. El edificio estaba construido mediante una especie de piedra artificial modelada en forma de ladrillos cuadrados de 33 centímetros de lado y 10 centímetros de espesor. Presumiblemente estaba revestido de estuco y de materiales preciosos.

Vemos aparecer así en Samarra el esquema de tumba destinada a los príncipes islámicos, un esquema que iba a conocer una extraordinaria expansión y un fasto poco común. Baste recordar las obras maestras que constituyen los gombad persas, los turbes turcos, las tumbas de los califas de El Cairo, o los mausoleos de la India mogol.

Desarrollo de las estalactitas

Análisis de los «paneles»

La técnica llamada de las estalactitas, o mukarnas, probablemente desarrollada en Persia, aunque tiene un precedente en el palacio de Harun al-Rasid en Raqqa, que data de finales del siglo X, en un principio se llevó a cabo en ladrillo. La encontramos en Marruecos, en 1135, en una cúpula de estuco de la Karauiyna de Fez, donde tiene una función meramente ornamental por encima de un mihrab. Anteriormente ha estado presente en la qubba almorávide de Ba’adiyn, en Marrakech, construida en ladrillo y que data de 1120. En cambio, en al-Nuri, de Damasco, en la mitad del siglo XII, encontramos estalactitas en piedra tallada que demuestra un extraordinario virtuosismo de la estereotomía. Y lo mismo ocurre con la madraza Firdows de Alepo, que data de 1223. A partir de aquí, las estalactitas constituirán una característica ampliamente expandida de la arquitectura islámica: se encuentran en Irán y en Irak, en España y en Marruecos, con su esquema en ladrillo cocido, así como en Turquía, El Cairo y la India, con construcción en piedra. Las estalactitas proceden de la subdivisión de las trompas esquinadas: los alvéolos en forma de triángulos esféricos que resultan de esta subdivisión revestirán los iwans, las cúpulas, los arcos, y, empequeñeciéndose, se transformarán en motivos decorativos omnipresentes. Aparecen sobre los capiteles y en las salas abovedadas, donde forman grandes pechinas en los ángulos de las cúpulas. Su presencia es tan constante que aparece en los materiales más diversos y tiene unas dimensiones infinitamente variables. Es un verdadero signo distintivo que traduce el «estilo» que es propio del arte musulmán medieval.