La Virgen del Pilar

La Virgen del Pilar

La Virgen del Pilar
Hacia 1771-74
Oleo sobre lienzo
56 x 42 cm
Museo de Zaragoza, 9259

Fue ofrecido, conjuntamente con el cuadro que representa La muerte de San Francisco Javier, a la Real Academia de Bellas Artes de San Luis por una descendiente materna de Goya: Manuela Lucientes.

Las primeras referencias al respecto se localizan en las actas de la sesión celebrada en la Academia el 27 de diciembre de 1925. La propuesta de adquisición fue hecha por el académico Alfredo Llatsé. Con posterioridad, en el libro de actas del Patronato del Museo de Zaragoza, en sesión de 11 de abril de 1926, se recoge el informe emitido el 16 de noviembre de 1925 por Joaquín Pallarés y Luis Gracia avalando el interés de ambos cuadros para la Academia y el museo. A raíz de dicho informe la Junta del Patronato del museo presidida por Mariano Pano, “acepta la adquisición de tales obras en doce plazos con cargo a la consignación de la Diputación Provincial en la parte que no afecta al personal del Museo”. El importe total ascendió a 6.000 pesetas que se pagaron en 12 plazos de 500 pesetas.

En el informe antes aludido de los pintores Pallarés y Gracia Pueyo se hacía alusión a “dos bocetos” procedentes de la familia de Francisco de Goya que representan La aparición o glorificación de la Virgen del Pilar y el segundo La invención en Galicia del cadáver del Apóstol Santiago. Esta confusión iconográfica referida a la segunda obra se ha venido arrastrando en la documentación del Museo hasta el catálogo de 1976. Ambos académicos aluden a “los geniales rasgos, que en ellos se advierten, por sus atrevimientos e incorrecciones” como argumento a lo indudable de su autoría y justifican su adquisición en homenaje al pintor de Fuendetodos “cuya muerte deseamos conmemorar en su primer centenario”. La primera referencia impresa será pues la del catálogo de la Exposición de Obras de Goya y de obgetos que recuerdan las manufacturas artísticas de su época, que en 1928 se celebró en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, y en el que aparecen referenciados con los números 462 y 463 haciendo alusión a la venta realizada por Manuela Lucientes como descendiente de Goya, que los poseía en Zaragoza.

Representa la imagen de la Virgen que se venera en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Se trata de un cuadro de devoción que el artista pintó para su familia y en él se refleja toda la sencillez popular de la estampa religiosa, destinada al culto piadoso. La iconografía de María sobre la columna es la convencional, algo más esbelta que el modelo real, y centra la composición quedando enmarcada por un nimbo de luz al que se asoman grupos de ángeles. En un primer plano tres ángeles acuden hacia la columna y en sus manos ondean sendos paños de color rojo y azul recortándose sobre nubes de tonalidad oscura, de las que emerge la columna continuando la misma gradación cromática. En un segundo plano la Virgen se recorta sobre un haz de luz que ella misma irradia. El tratamiento minucioso y detallado del manto y sus pliegues, sujetos por la mano derecha, así como la actitud realista del Niño contrastan con el tono abocetado que en general domina en el cuadro. Grupos de querubines, con un tratamiento muy característico de Goya, se van diluyendo en un círculo de luz de ricos matices cromáticos. En muchos aspectos de colorido y atmósfera se pueden relacionar con el trabajo que lleva a cabo en la bóveda del Coreto del Pilar.

En el Cuaderno italiano aparece un apunte, trazado a lápiz negro, que se corresponde con esta obra. Cronológicamente hubo de ser realizado con posterioridad al boceto del cuaderno, por lo tanto a partir de 1770 que es cuando comienza a hacer uso del mismo en Italia. Tanto éste, como el cuadro de San Francisco Javier, están concebidos en un mismo momento y para un destino concreto, la devoción familiar, por lo que parece lógico pensar que fueron realizados a su vuelta de Italia en 1771, durante la estancia zaragozana anterior a su partida hacia Madrid en enero de 1775.

La devoción del pintor hacia la patrona de Zaragoza, la Virgen del Pilar, queda claramente reflejada en una carta que dirige a su amigo Zapater en el mes de julio de 1780, conservada en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, en la que textualmente dice: “Para mi casa no necesito muchos muebles, pues me parece que con una estampa de Nuestra Señora del Pilar, una mesa, cinco sillas, una sartén, una bota y un tiple y asador y candil todo lo demás es superfluo”.

María Luisa Cancela Ramírez de Arellano.