Retrato del canónigo José Duaso y Latre

Retrato del canónigo José Duaso y Latre

Retrato del canónigo José Duaso y Laire
1824
Óleo sobre lienzo
74 x 59 cm
Sevilla, Museo de Bellas Artes

José Duaso, figura tan interesante como poco conocida, fue un eclesiástico aragonés nacido en Campal del Valle de Solana (Huesca) el 8 de enero de 1775. Avecindado en Madrid la mayor parte de su vida, fue canonista insigne, capellán de honor de S.M., administrador del Real Hospital e Iglesia del Buen Suceso, teniente vicario auditor general del Ejército y de la Armada, juez de la Real Capilla y académico de la Española. Hombre de estudio, amigo de Antillón y de Goya, cuyo mérito conoció y reconoció el propio Fernando VII, se vio envuelto en los avatares políticos de su tiempo, siendo diputado de las Cortes de Cádiz, y más tarde proscrito por el Gobierno constitucional. Redactor y director de la Gaceta de Madrid al comienzo de la década ominosa, fue separado de su plaza de capellán de honor por la Reina Gobernadora, para ser de nuevo nombrado al fin de sus días por Isabel II. Muere el 24 de mayo de 1849.

En ese mismo año Vicente de la Fuente publica su biografía, en la que recoge el hecho de que al finalizar la revolución liberal a finales de 1823 y restablecido el absolutismo, Duaso tuvo refugiados en su casa del Real Hospital e Iglesia del Buen Suceso, ya que por esas fechas ostentaba el cargo de administrador de dicho establecimiento, a «varios de sus amigos y paisanos comprometidos por liberales, a quienes ocultó o prestó protección según necesitaban», contando entre ellos a Goya, a quien tuvo alojado tres meses en la propia vivienda y por quien fue retratado, durante esos días, en agradecimiento a su hospitalidad, en el espléndido lienzo que reproducimos.

Este retrato de José Duaso pertenece a la última etapa de Goya, concretamente a 1824, cuatro años antes de morir en Burdeos. Si lo comparamos con los de etapas anteriores, donde destacaba la faceta oficial del modelo y la riqueza de fondos y detalles, este retrato, al igual que sucede en el de Tiburcio Pérez Cuervo (1820), tiene un carácter íntimo, el mismo que el de Sebastián Martínez, su buen amigo y coleccionista de obras de arte, pintado en 1792.

En su intento de simplificar, aunque preocupado por la expresión del personaje, crea una sencilla composición al igual que ocurre con el de Moratín (1827), el del Matrimonio Ferrer (1824) y el de Mariano Goya (1827). En todos esos retratos la síntesis incluso ha llegado a la gama cromática, la ausencia de color es casi total, destacando el volumen y la densidad de la pincelada; hemos de tener cuenta que está aún muy cercana su serie de pinturas negras, cuya influencia en esos lienzos es clara.

En el retrato de este ilustre aragonés, Goya utiliza una gama reducida de negros profundos para el fondo y la sotana, sobre los que destaca la cabeza luminosa, donde se mezclan con el blanco, el carmín y el negro que le confieren al rostro una desbordante vitalidad, energía y franqueza. La fuerza es la característica dominante del personaje, por lo que Goya aplicó al retrato una técnica que está en consonancia con el modelo. La sensación de seguridad y firmeza que nos produce Duaso es extraordinaria.

La obra del canónigo Duaso podemos considerarla como un retrato psicológico, modalidad que surge en Europa como uno de los frutos del Renacimiento, y por tanto un tipo de retrato distinto del oficial que basaba su fórmula en recoger cuanto determinaba la posición social del retratado. Sin embargo, en el retrato psicológico, Goya trata de representar al personaje como ser humano, que aunque en ciertos casos vaya revestido de la indumentaria que le pertenece, ésta no es lo que trasciende del retrato.

Este cuadro de José Duaso y el de su sobrino Francisco Otín, realizado a lápiz por Goya en las mismas fechas que el de su tío, tienen por encima de su mérito artístico el valor testimonial de evocar unos meses de la vida del gran pintor cargados de emociones.

La obra procede de la colección Rodríguez Bave (Madrid), parientes de Duaso, donde Sánchez Cantón la identificó en 1954. Hasta esa fecha no se había presentado a ninguna exposición ni se había publicado nada sobre ella. En 1969 fue adquirida por el Estado para que formase parte de los fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Rocío Izquierdo Moreno.