Las últimas flotas

Los comerciantes españoles se sumaron a sus colegas mexicanos y peruanos, pues el sistema de los navíos de registro les impedía averiguar cómo estaba el mercado americano y especular con los precios, a lo que estaban acostumbrados. El Consulado de Cádiz secundó así a los de Lima y México en solicitar el restablecimiento del viejo sistema.

En 1750 se firmó la paz con Inglaterra y el marqués de la Ensenada convocó de inmediato una junta de comerciantes para estudiar la solicitud formulada por los consulados de restablecer el mecanismo de las flotas. Se decidió que era urgente enviar la Flota de la Nueva España en 1753 como muy tarde. El caso de Los Galeones estaba menos claro, pues el mercado suramericano estaba saturado de género como consecuencia de los navíos de Registro. Además era necesario reconstruir antes Portobelo.

No todo era favorable a la restitución de las flotas. En 1743 Campillo había publicado su famosa obra Nuevo sistema de gobierno económico para la América, en la que abogaba por un comercio libre entre América y España, opinión que compartían ya muchos ilustrados. Ensenada se decidió al fin por restablecer el régimen de flotas. Sería el canto del cisne de las mismas. Se organizarían para la Nueva España y con periodicidad bienal, pero no para el Perú. La orden se dio el 11 de octubre de 1754 y poco después se anunció que la primera flota saldría en 1756.

Ulloa
Antonio de Ulloa, el marino que condujo hasta América la última flota de Indias, en 1776

No salió en 1756, pero sí el 11 de febrero de 1757. Hacía más de 20 años desde la anterior. La mandaba don Joaquín Manuel de Villena y llevaba 7.069,7 toneladas en diez mercantes, a los que escoltaban dos navíos de guerra. La feria se hizo en Jalapa y como de costumbre quedó mucha mercancía sin vender. Para salir de ella hubo que retrasar la partida hasta el 2 de mayo de 1758.

La siguiente flota la mandó Carlos Regio y zarpó de Cádiz el 29 de junio de 1760 con 8.492,7 toneladas de mercancías, transportadas en 13 mercantes, escoltados por 2 navíos de guerra. La acompañaron seis navíos de registro con destino a La Habana, Caracas, Santo Domingo y Honduras. Esta flota afrontó unas dificultades similares y regresó en abril de 1762.

Ni el nuevo conflicto con Inglaterra, ni la toma de La Habana en 1763 por los británicos destruyeron el sistema. En 1765 salió otra nueva flota, mandada por don Agustín de Idiáquez, que transportó 8.013,6 toneladas de géneros y artículos. En ella iba un pasajero ilustre, don José de Gálvez, encargado de averiguar lo que ocurría en la feria de Jalapa y la forma de mejorarla. La flota cumplió su cometido y Gálvez el suyo, que fue el de no intentar retocar, ni mejorar, un sistema ya caduco. El futuro ministro de Indias estaba ya convencido de que lo mejor era el régimen de libre comercio. Libre comercio que se abría paso ya el 16 de octubre de 1765 cuando se otorgó como merced real a las islas de Sotavento, Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Trinidad y Margarita como única fórmula para reactivar su maltrecha economía. Tales islas podían negociar abiertamente con nueve puertos españoles autorizados. El nuevo método pareció ser más eficaz.

Aún hubo tres flotas más en 1768, 1772 Y 1776. Esta fue la última de cuantas se enviaron a Nueva España y a Indias. La mandó don Antonio de Ulloa y transportó 8.176 toneladas. Las tres encontraron la misma dificultad, que fue vender toda su mercancía, pues siempre había sobrantes de veces anteriores. Finalmente, el 12 de octubre de 1778 se dio el llamado Reglamento de Libre Comercio para América que clausuró el sistema de flotas. No se trataba obviamente de ningún comercio libre, pues los americanos seguían obligados a negociar únicamente con su metrópoli, pero al menos se les liberaba de la obligación de hacerlo con un puerto único de la Península y bajo el dictado de los comerciantes andaluces. Dos territorios americanos, México y Venezuela, quedaron excluidos del nuevo sistema, no obstante. El Virreinato, porque aún se quería tenerlo abastecido por el sistema de flotas y la Capitanía General, porque estaba bajo el control de la Compañía Guipuzcoana. México no recibió más flotas, sin embargo, pues en 1779 se declaró otra nueva guerra con Inglaterra que impidió enviarlas, regresándose al sistema de navíos de Registro. El 28 de febrero de 1789 se ordenó que tanto México como Venezuela gozaran en el futuro de los beneficios del Reglamento de Libre Comercio vigente en el resto de América. Las flotas no resucitarían jamás.

Juicio crítico

Las flotas cumplieron la función primordial para la que fueron creadas: mantener el monopolio comercial español con sus colonias, transportar a América manufacturas europeas a precios costosos y traer de las Indias la plata americana. Con el transcurso de los años estas funciones fueron cambiando. La plata americana fluyó cada vez menos, aumentando en cambio los productos americanos que se vendían en Europa (cacao, azúcar, añil, cochinilla, algodón, cueros y finalmente café). Estos cargamentos de carácter agropecuario no eran tan costosos como para soportar un peso muerto de organizar las flotas. Por otra parte, el mercado americano fue abastecido abundantemente de mercancías europeas a través del contrabando, sistema absolutamente funcional porque representaba la red de distribución de las manufacturas que fabricaban los países europeos que habían emprendido la primera revolución industrial. Francia, Inglaterra y Holanda no podían prescindir del mercado americano y lo increíble fue que España intentara enfrentarse a semejante reto manteniendo un monopolio comercial en América, y con un mecanismo tan anacrónico como el sistema de flotas.