Ramón Acín en Nueva York

Podemos situar en el centro de un grupo ideal de tres artistas aragoneses del siglo XX, con Pablo Gargallo y Honorio García Condoy, al multifacético artista oscense Ramón Acín, también notable por sus actividades políticas y culturales. Mientras se editan tantas anodinas biografías de personajes insignificantes o que ni siquiera llegan a serlo, hecho en falta la que se le debe a uno de los más representativos de su tiempo, quien tuvo tan trágico e injusto final.

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Monumento de las Pajaritas. Cemento y chapa de hierro. 1928-29 (Parque de Huesca)

En mi primera visita a Huesca en 1976, enseguida me atrajo el parque y entré para dar un paseo y disfrutar de su atractiva atmósfera, ajeno a que allí me esperaba una sorpresa de efecto permanente. De pronto tuve la impresión de haber regresado a momentos felices de mi primerísima infancia. Pisaba un espacio ideal para ser un niño feliz, y parecían haberse hecho realidad aquellos momentos del pasado. Estaba ante un monumento a Las Pajaritas.

Desde cuando a edad temprana aterricé en Unamuno y al tener la noticia de ellas, admiraba sus pajaritas. Ahora como si también fuera un homenaje a las realizadas por quien escribió un Tratado de cocotología y fue autor de muchas y muy ingeniosas pajaritas de papel, tenía ante mi un apoteósico homenaje a este aspecto de creador plástico de Unamuno.

Por su atmósfera genialmente lúdica y poética, también tuve la impresión de que pudiera haberlo realizado Ramón Gómez de la Serna, ignoraba entonces que el autor fuera su amigo Ramón Acín. Poco después conocí detalles destacados de su biografía y a su hija, la poeta Sol Acín, residente en Zaragoza.

En mis visitas a Huesca dedico algunos momentos para visitar el parque y saludar a Las Pajaritas. Entonces me acude el infantil pensamiento de que debiera haberles llevado algo de comer y si acaso a estos animales de metal les gustarán los perdigones de plomo. ¡Curiosa escena imaginarla el verlas picoteándolos!

Cuando tuve noticia de una exposición suya en Huesca, no encontré dificultad para convencer a José Luis Calvo y en su coche nos trasladamos con nuestras mujeres.

Dediqué un buen espacio en comentar la exposición en El Día. Este y otros artículos sobre él aparecidos en revistas de arte, silenciados en ocasiones inoportunas, siguen presentes donde aparecieron.

Cuando en 1983 organicé la Exposición de Arte Aragonés en Nueva York tuve la oportunidad de que Ramón Acín estuviera presente con su obra. Su hija Katia Acín, la tenía en su casa. Cuando fue a verla me facilitó la gestión. En mi ensayo aparecido en el catálogo le dedico estas líneas:

«Casi contemporáneo de Gargallo y oscense, polifacético, inquieto y sensible Ramón Acín (1988-1936) fue personalidad con múltiples facetas interesantes. A partir del cultivo de la pintura, dentro de la atmósfera del modernismo, con agilidad e inspiración evolucionó fuera de las corrientes desfasadas, hacia las formas de vanguardia. Su trabajo en escultura es de gran originalidad. Entre otras importantes obras se le debe una de las más bellas y anticipadoras creaciones de este signo. Me refiero al Monumento a La Pajarita, situado en el parque de Huesca. Adelantándose a muchos años, es acaso el primer monumento realizado con intención artística que puede inscribirse dentro de tendencias como el pop-art. Por la sagacidad con que crea una atmósfera lúdica e imaginativa, es singular aportación al arte fantástico y por la expresiva simplicidad y la depuración de los elementos que lo componen también es una espléndida anticipación del minimal-art».

En la nutrida exposición de Nueva York, estuvieron presentes dos retratos característicos de sus mejores momentos, pintados al óleo en soporte de cartón de dos adolescentes, Isadora y Muchacha. Ambos resueltos con inspirada pericia. Su resultado de muy nobles reminiscencias simbolistas es el de excelentes pinturas representativas de un aspecto del poético realismo plástico, en la modernidad.

Por ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA, escritor y pintor