Organización y partida

Naturalmente las normas de las que hablábamos en la página anterior fueron ampliamente incumplidas, como todas las de Indias. Raramente se salía las fechas estipuladas y tampoco hubo dos flotas por año. El Consejo de Indias era quien decidía -tras consulta con la Casa de Contratación que, a su vez, se asesoraba con el Consulado de Sevilla- si había dos o ninguna flota. Los comerciantes querían ganar dinero con su mercancía y jugaron siempre a tener mal abastecido el mercado americano, para subir los precios. De aquí que, cuando sabían que existía mucho género europeo en Indias, aconsejaran suprimir la flota. El problema fue agravándose a lo largo de los años y en la segunda mitad del siglo XVII hubo ya una flota cada dos años y unos galeones cada tres.

Explotación minera de Perú

España realizó un verdadero modelo de organización para sus flotas, doblemente valioso si consideramos lo prematuro del montaje. Podría decirse que para sus necesidades monopolísticas de 1565 resultó un sistema insuperable. Cuidadosamente se reglamentó la forma de preparar las flotas, su composición, su calendario de salidas y llegadas, el número de buques que las compondrían, las ferias en las que se venderían los productos, etcétera. El error no procedió del diseño organizativo, sino de no advertir que lo que resultaba funcional para cubrir las necesidades suntuarias de cien mil españoles en América, no lo era ya unos siglos después para los cuatro millones de criollos, mestizos y mulatos que poblaban el Nuevo Mundo.

Una vez que el Consejo autorizaba la flota, se le notificaba a la Casa y ésta a los cargadores. Lo primero que se hacía era fijar el número de toneladas que se consideraban necesarias para satisfacer la demanda del mercado americano, cosa que decidía una junta de comerciantes y cosecheros andaluces, si bien el Consejo podía rectificar la propuesta. Del total de toneladas disponibles se reservaba un tercio para los comerciantes gaditanos, que participaban así legalmente del monopolio sevillano. El resto se dividía en otras tres partes: 2/3 para los comerciantes y 1/3 para los cosecheros.