Análisis descriptivo de la decoración figurada

Desde el estudio clásico de Angel Novella en 1964 hasta la última y decisiva monografía de Joaquín Yarza en 1991, a la hora de abordar con mayor precisión y detalle topográficos una descripción general de la decoración de la techumbre, se ha procedido a dividir ésta en nueve secciones, que quedan limitadas por los respectivos tirantes, numerándose de una a nueve desde el presbiterio hasta los pies, subdividiendo cada sección en parte izquierda y parte derecha, respectivamente, según se mira hacia el presbiterio. A su vez, cada faldón se subdivide en hileras, contando de arriba abajo, y de este modo se numeran todos los elementos de la estructura de madera hasta que quedan perfectamente acotados.

Hombres subidos a un árbol. Los signos, alegorías y metáforas son muy numerosos en las representaciones de la techumbre. En este caso es muy dudoso el simbolismo de la escena y Yarza no se ha pronunciado sobre el mismo, aunque relaciona esta composición con la palmera de los justos, representada en los Beatos. No se trata de un robo de fruta, como se ha sugerido.

Este planteamiento topográfico de la descripción decorativa, al cotejar el estado actual con las fotografías del Archivo Más obtenidas en 1932 y 1935 y con el texto inédito y los dibujos del Catálogo de Cabré realizados en 1908 y 1909, ha permitido detectar tanto los cambios de lugar sufridos por algunas tabicas como las desapariciones de otras —recuérdese que la sección novena, hacia los pies, desapareció totalmente en la Guerra Civil—, además de valorar los repintes, alteraciones y renovaciones sufridos en la restauración del Servicio de Regiones Desvastadas, llevada a cabo entre 1943 y 1945.

Sin embargo, en esta descripción general de la decoración pintada de la techumbre no se sigue este sistema topográfico por secciones, que queda para los estudios académicos, ya que, aun con todas las precisiones topográficas que se puedan establecer, la decoración de la techumbre carece de un programa sistemático, como ya se ha dicho, por lo que la descripción topográfica no tiene sentido para una lectura no erudita, resultando penosa e incoherente y ayudando poco a la comprensión del conjunto. Por ello se prefiere aquí una enumeración ordenada de los temas —-un orden que no está en la techumbre—, es decir, una aproximación iconográfica a las diferentes imágenes y ciclos parciales de la techumbre, que reproduce de modo sintético la expuesta por el profesor Yarza en la parte final de su estudio monográfico de 1991.

Si la decoración figurada ocupa algo más de una cuarta parte de la techumbre, quedando el resto para la decoración vegetal y geométrica, siempre ha llamado la atención la escasa proporción que dentro de esta decoración figurada de la techumbre de Teruel alcanzan las imágenes sagradas en sentido estricto. Cierto que toda la techumbre tiene un significado global de carácter cósmico, ya que la cubierta es la zona que cierra el ámbito sagrado, relacionándose con el firmamento o cielo, desde un punto de vista real y simbólico, significado que se corrobora con la presencia de las numerosas estrellas y de las cupulillas gallonadas.

Pero la temática religiosa se reduce al ciclo de la Pasión, de un lado, ya las imágenes de Cristo, de san Pedro y de dos apóstoles más, de otro, además de a un fragmento epigráfico del Ave María (Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum, bened…), como alusión a la Virgen. El ciclo sacro más completo, el de la Pasión, decora los canes de ambos lados, el izquierdo y el derecho, bajo el tirante tercero, entre la sección segunda y tercera, y en él se desarrollan las siguientes escenas: Jesús ante Pilatos y Flagelación; Jesús con la cruz a cuestas, Descendimiento y Entierro; Noli me tangere, Discípulos de Emaús y Duda de Santo Tomás; Maiestas y Crucifixión. Yarza ha establecido relaciones con la miniatura de la época, destacando como los dos temas de la Maiestas y de la Crucifixión, tratados aparte en ruptura con la línea argumental de la Pasión, son dos imágenes sintéticas, incluidas al modo como se hacía en el sistema de iluminación de los antiguos Sacramentarios y de los Misales. Además de ser tan reducido este ciclo religioso, tampoco se aprecia en el mismo relevancia alguna ni por el emplazamiento ni por la escala de representación.

Un tratamiento mucho más amplio alcanzan en la decoración de la techumbre de Teruel las imágenes y los ciclos parciales de carácter profano relacionados con la representación de la sociedad de la época y sus actividades: la realeza, la caballería villana, el clero y el común. Se han detectado hasta cinco imágenes de monarcas en las tabicas de los faldones y una cabeza de otro monarca en un alicer, pero cualquier intento de identificación con reyes de Aragón carece de fundamento iconográfico en opinión de Yarza. Es más plausible su identificación con monarcas del Antiguo Testamento, pareciendo seguro, por el arpa que porta como atributo, el rey David de la sección quinta derecha. No obstante tampoco habría de olvidarse, a la hora de las hipótesis iconográficas, el hecho de que Teruel era una villa de realengo.

Ornamentación heráldica. Izquierda: La heráldica tiene en la techumbre un carácter genérico ornamental y, por tanto, reiterativo. Como sucede con otros temas, en este caso tampoco parecen aceptables las propuestas de identificación concreta de los motivos heráldicos. Aquí, en tres medallones entrelazados se disponen respectivamente un toro, un escudo con el Señal Real de Aragón, y, de nuevo, un toro (¿Teruel?). De acuerdo con esa función ornamental de los motivos heráldicos en la techumbre, en tres medallones (derecha) campean una flor de lis, un castillo de tres torres, y, de nuevo, una flor de lis.
Derecha: En tres medallones entrelazados, con carácter ornamental y repetitivo, se disponen otros tantos escudos decorados con sendas cruces flordelisadas.

Por lo que al clero se refiere, se registra en la techumbre tanto el secular (obispos y presbíteros) como el regular (frailes). Algunos estudiosos opinan que la figura del obispo se presenta «asociada» con la del monarca. Entre los obispos representados llama la atención, como ya se ha señalado, uno que tañe un laúd (sección quinta izquierda), que Moralejo ha propuesto identificar con el famoso trovador Folquet de Marsella, obispo de Toulouse, aunque Yarza no es partidario de tales identificaciones históricas y aprecia en esta figura de obispo un carácter negativo y crítico. Por otra parte tan sólo Ángel Novella ha insistido en recordar la identificación que hiciera Mariano de Pano en la zona de la sección novena, desaparecida tras los bombardeos de la Guerra Civil, de las armas de los obispos de Zaragoza don Arnaldo y don Sancho de Peralta (1248-1272).

En cuanto al clero regular destacan la representación de un santo franciscano (ahora en la sección séptima izquierda), que no coincide con la iconografía de san Francisco difundida en el siglo XIII, y la de un fraile franciscano (sección quinta izquierda), que lleva al hombro una especie de saco. A propósito de estas imágenes se ha recordado la tradición de la temprana presencia en la ciudad de Teruel, entre 1217 y 1220, de los franciscanos Juan de Perusa y Pedro de Sassoferrato.

Sobresalen asimismo los ciclos parciales dedicados a las actividades de la caballería villana, una de las clases sociales de mayor peso en Teruel, como ha destacado en sus estudios históricos Antonio Gargallo. Entre las actividades representadas deben subrayarse los alardes o desfiles de caballeros armados con la cabeza descubierta (alicer de la sección segunda izquierda), los torneos (aliceres de las secciones tercera y cuarta izquierda), y las escenas de caza, tanto del ciervo como del jabalí (alicer de la sección segunda derecha), no debiendo descartarse que algunos temas de lucha con animales puedan no ser distintivos de clase social sino de una lucha de carácter alegórico o simbólico.

Por lo que se refiere al común o pueblo llano ya sus diferentes oficios y actividades, merecen retenerse la representación de los carpinteros (alicer de la sección sexta izquierda), de los pintores (alicer de la sección sexta derecha), de los músicos, juglares y danzarinas (alicer de la sección primera derecha) y del trabajo de la mujer (tabicas de la sección octava izquierda), así como la presencia obsesiva de numerosas cabezas. El ciclo de los carpinteros es el más detallado, rico y curioso y no tiene parangón en el arte medieval español; en el mismo se representa una armadura de par y nudillo, y aunque parezca tomado del natural, Yarza ha señalado antecedentes y modelos diversos, destacando entre ellos los mosaicos de Monreale y los marfiles de Amalfi y Salerno.

Izquierda: Ornamentación heráldica. En medallones con entrelazo curvo se disponen un escudo con báculo abacial y otro cuartelado en oro y gules, repetidos alternando con carácter ornamental y genérico.
Derecha: Ornamentación geométrica. Estos motivos de entrelazado recto y curvo, formando medallones u óculos, se hallan más próximos a los precedentes cristianos. Los que combinan cuadrilóbulos con cuadrifolias apuntadas se hallan también más próximos al lenguaje occidental cristiano.

Todos estos ciclos de los diferentes oficios y trabajos han sido objeto de análisis monográficos en varias ocasiones, configurando una fuente gráfica del mayor interés para el estudio de los diversos instrumentos de trabajo. Una mención especial merece la aportación realizada por Rosario Álvarez sobre los instrumentos musicales representados en las diferentes imágenes y ciclos de la techumbre, detectando incorrecciones —debidas a la intervención de los restauradores— en la representación de algunos instrumentos musicales, habiendo anotado el influjo del arte oriental y señalado los antecedentes islámicos de los mismos.

No se puede poner fin a esta breve síntesis sobre las principales imágenes y ciclos representados en la techumbre sin aludir al menos al mensario y al bestiario. La representación con las diferentes actividades de los meses del año, agrupados por parejas en cada tabica, constituye otro de los ciclos más coherentes, junto con el ya mencionado de la Pasión, y su lectura no ofrece problemas iconográficos, pudiendo haber influido en el mensario de las pinturas murales del Castillo de Alcañiz. Las tabicas correspondientes a los meses de enero-febrero y marzo-abril se hallan en la primera sección derecha, y las de mayo-junio y julio-agosto están en la quinta sección izquierda; esta circunstancia topográfica ha permitido suponer que las correspondientes a los meses que faltan, septiembre-octubre y noviembre-diciembre, pudieron estar emplazadas en la desaparecida sección novena, de haber estado originalmente completo.

Por lo que se refiere al bestiario, aunque los animales representados son muy numerosos, sin embargo su variedad es escasa. Yarza anota la representación de «dragones, leones, unicornios, centauros, sirenas, dos tipos de aves, grifos, ciervos, pavo real y, quizás, un leopardo», subrayando que los más numerosos son los dragones y los leones.